—¿Te pasó sentir que lo que decís no te representa?
—Cuando la distancia entre lo que siento, pienso y digo es grande, soy incoherente. Más grande la brecha, mayor la incoherencia. —¿Por qué estás mirando como si fuera especial? —Entiendo. Pasa con los recursos escasos, aunque no tengan belleza, su valor aumenta.
El proceso de aculturación nos mezcla, nos iguala, los unos con los otros. En ocasiones digo mucho pero mis palabras no dicen nada, parecen mudas. —Desconfío de esa voz. La conocí siendo poco confiable. El costo de ser civilizados es alejarnos de nuestras singularidades. —Un viaje con desafíos. Una carrera de obstáculos. Caminos rocosos y espinosos. No se puede frenar lo que ya fue iniciado, tampoco mirar para otro lado. Ni ignorar lo que no puede ser ignorado. —Todo, convive.
—Estoy cansado de engañarme a mí mismo, ya no lo quiero. Mis miserias no son tan tremendas como creía que eran. De hecho, nada es tan tremendo como creía que era. —Estuve buscando algo especial, un tesoro. Me di cuenta que no existe. Pasé tiempo creyendo que si creaba la máscara perfecta engañaría a otros, pero sólo me engañé a mí mismo. Olvidé quien soy. —Como dijo Jung: «Quien mira hacia afuera, sueña; quien mira hacia adentro, despierta.». —Encontré el destino donde empecé: en mí mismo.
Ser quien no se es, puede ser placentero. El proceso deshace cualquier tipo de responsabilidad. Por el contrario, ser uno mismo, duele. No podés culpar a nadie más. Romper la brecha implica derribar un muro. Muro caído, es mucho lo que puede aparecer. —¿Qué dice tu verdadero vos? ¿Qué dicen tus fibras? —Las señales suenan en ese espacio que se encuentra entre lo que mostrás y lo que sos. —Como escribió el escritor japonés Haruki Murakami: «Lo que nos hace personas normales es saber que no somos normales». —Sos distinto, no por grandeza sino por diferencia.
En época de IA, es frecuente decir sin decir nada. Las cosas dichas se dicen desde ningún lado o desde algún lugar del mundo que pocos tienen claro. —¿Sabes dónde están los servidores? —Yo tampoco. No es importante ahora. —Sigamos.
No juzgo ni cuestiono a quién no sabe; quien se expresa, producto del desacierto o la ingenuidad no lo ha recorrido, tiene derecho y espacio. —Con vos es distinto; lo que ponés en palabras, no es tuyo. Son palabras que no sentís y se nota. No mires para otro lado, lo sabés; eso que expresaste, no te pertenece.
—¿Qué esperás para ser coherente? ¿Y qué esperás para mostrarle al mundo quién sos?
—¿Qué es peor que puede pasar? ¿Qué pasa si hablás vos, en lugar de imitar o replicar la voz de otro?
—Una brecha es un espacio sin gestión, una diferencia, entre lo conseguido y lo deseado. Está entre lo que quiere ser y las capas que te separan de quien sos vos. Existe, entre lo que mostrás y lo que sos.
—A veces sospecho que es la edad, otras la valentía. No sé cuál es la motivación real pero con el pasar del tiempo me cuesta menos ser quien soy. —La brecha se hace pequeña si abrazo mis miserias. Por el contrario una brecha eterna, es como el agua estancada, se enquista; tiene mal olor, se oscurece y apesta. —Quien engaña, se engaña a sí mismo. La paz se encuentra de vuelta con uno mismo. Es liberador mostrarse siendo uno. Tranquiliza expresarse sin vueltas ni caretas. —Levantar la voz y decir: «Podés elegirme o no. Soy esto».
—A veces es necesario y hasta funcional tomar distancia de uno mismo. Nos alejamos de nuestra esencia para parecernos más a otros, igualarnos. Pero, tarde o temprano, hay que volver a las raíces, encontrarnos, volver a mirar el dolor de nuestra propia existencia. Sin embargo, como dijo el filósofo Søren Kierkegaard: «La mayor forma de desesperación es no ser uno mismo».
—Nadie puede ser mejor que yo, siendo yo mismo, ¿qué escondo? ¿a qué le tengo miedo?
—Luego de años buscándome, por momentos me encuentro. Diariamente intento vencer las resistencias. Me esfuerzo por expresar desde las entrañas, abandonando lo estético y superficial en la búsqueda de un mensaje crudo. Puro. Es interminable la batalla entre lo que realmente soy y lo que creo que los demás esperan que sea. De cualquier manera, lo pienso. Da lo mismo. Soy, solo yo.
La pureza no es estética, pero por alguna razón es hermosa; toca las fibras del observador. Quien vive profundamente tiene algo que contar, cada día es una oportunidad de expresar las historias que flotan alrededor. Sonidos, imágenes, aromas. Todos los días hay algo puro. A buen observador buenos relatos. —Empezaste a dudar en el mismo momento que yo empecé a sentir confianza. Ahora lo entiendo. De eso se trata. Los dos colores del alma. Una conversación entre la duda y la creencia, entre el sentido y el despropósito. —Hablando con el alma, aún sin nada que decir estás diciendo todo.
Estoy convencido que estoy en el lugar perfecto del recorrido. Correcto. Superpuesto. Mezclado. Es lo que es. Sucede porque tiene que suceder. —¿Quién puede arrepentirse de ser leal a sí mismo? Una versión pura, profunda, imprecisa y desordenada. Pero: Real. —El desafío es darle cuerpo, forma y crear un salvoconducto para que el yo verdadero se exprese.
—Cada vez me importa menos lo que pienses de lo que pienso. Porque podemos estar en desacuerdo.
—La brecha, ha sido eliminada.
Fin.
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