—¡Te felicito! ¡Hiciste un gran trabajo! —Te explico.
Todos queremos llamar la atención, es humano; buscamos reconocimiento y validación. —Sí, ya sé, vos no. Te entiendo, pensalo mejor. —Un niño, lo busca de sus padres; un adolescente, de sus pares; los adultos –más complicado–: pares, hijos, referentes, líderes… —De alguien esperás palabras, palmada, gesto, caricia, abrazo; o un simple «like».
—El concepto, se entiende. Está bueno cuando te ven, te registran y te dicen cosas lindas, ¿no? —Se siente bien.
—¿Cómo estás buscando llamar la atención? —¡Para! Antes profundicemos, ¿qué es la atención? —«Atención» viene del latín «attentio», etimológicamente, significa «tender hacia» o «dirigir la mente hacia algo». —¿Te suena? —Es decir, hacemos cosas para que las personas que nos importan dirijan la mente hacia nosotros. Ellos, lo mismo. —Tengas conciencia o no, se trata de intereses e incentivos. —Parece lo mismo, pero no lo es. A veces nos olvidamos, caemos en la trampa, igualamos a quienes nos importan, con los que no.
De mitos y leyendas a la publicidad engañosa y el marketing moderno. —¿Evolución o retorno? —Miles de años atrás, dioses, semi-dioses, emperadores y reyes. Hace unos siglos, elixires milagrosos. Siglo XIX y XX, productos –de cualquier color, siempre que sea negro–. De productos a empresas, de empresa a marcas y de marcas a marcas humanizadas. Las marcas humanizadas, pierden credibilidad. —Influencers, celebrities y no tanto. —De influencers al personal brand.
—La pérdida de credibilidad continua; la de atención, también. —¡No me mientas! No son tus valores; es evidente. —Si algo queremos y esperamos, son: personas reales, auténticas.
—Retomemos: —¿Cómo estás buscando llamar la atención?
Seas quien seas, consciente o no, coherente o no, tenés tu estilo. Es imposible no comunicar. —Queremos atención y competimos por la atención.
—¡Dame un segundo! —Tweet de Trump. —Silencio. Incómodo. —¿Cuánto le cuesta al mundo un tweet de Donald? —Según Bloomberg (2019), cada palabra en los tweets arancelarios de Trump Eliminó USD 13.000.000.000 del valor accionario global. —¡Ok! No lo hagamos personal. —¿Cuánto puede costarle al mundo el inmaduro llamado de atención de cualquier persona resonante? —Se desploman acciones, se tensan las relaciones diplomáticas. —Houston…
La atención humana se convirtió en un recurso escaso, un campo minado pero valioso. —¡Cuidado! Los impulsos infantiles deben gestionarse a conciencia, porque tienen la potencialidad de llevarnos al abismo. —¡Sí! ¡Abismo! Sin escalas.
—Egos, impulsos, clickbait. —En su libro «Comerciantes de atención», Tim Wu menciona: —«Al menos en parte, se puede definir quiénes somos en virtud de aquello a lo que prestamos atención, aún cuando aquello que capta nuestra atención está determinado más por el ambiente que por nuestra voluntad».
—La atención no es un juego, es poder. Exige responsabilidad y educación de doble vía, entre emisores y receptores, espectadores y protagonistas. La responsabilidad es compartida. —En la economía de la atención, ¿sos protagonista, espectador o ambos?
De un lado, indentificá cuándo y cómo estás siendo influido. ¡Importante! Decidí qué merece tu atención y que no. —Al otro lado… Si decidís comunicar, ¡ok! Hacelo con claridad, coherencia y conciencia. Porque llamar la atención requiere cuidado.
—Apropiate de tú espacio: decidí cómo atraés y a qué prestás tú atención.
Fin.
Reflexiones, todas las semanas desde el 20 de marzo de 2024.
