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Culpa. | #66

—¿Cómo te sentiste la última vez que cometiste un error? —Pensalo.

Mirada perdida. Silencio. Vacío. —Culpa. —La lucha interna dice, presente. El rostro de quien siente culpable es evidente, es expresivo. El diálogo interno que no cede. De un lado, los argumentos y las re-interpretaciones que buscan suavizar; al otro, el castigo.

Para empezar, la palabra «culpa» viene del latín, significa «falta», «error», «defecto». La culpa corresponde ante la negligencia o descuido, se diferencia del dolo o falta que se comete consciente e intencionalmente.

Con la culpa aparece la resistencia, las excusas y las justificaciones; el diálogo interno es silencioso hacia afuera pero estruendoso por dentro. —Insisten, iteran. Una y otra vez, las ideas se repiten. Como si fueran fuegos artificiales que explotan y se regeneran, para volver a explotar, creando un bucle interminable.

Pero no puedo vivir lo que vos estás viviendo, pero puedo entenderlo. Siento tu sufrimiento. —No sé, ¿querés ponerlo en palabras? —Todavía es temprano. Lo entiendo. Siento tu dolor, tu falta de aliento, tu vergüenza. El castigo se potencia por dentro. —El aire ayuda. Es cuestión de tiempo, al menos eso dicen. 

En relación a esto, según Séneca: «una buena conciencia no teme testigos, pero una conciencia culpable está inquieta incluso en soledad». —Es cierto, los errores graves no se olvidan. Pero el castigo con el tiempo se suaviza y la conciencia se tranquiliza con la lección aprendida. 

Además, mayor es la exigencia, más duro es el dialogo de quien se equivoca. —Rupturas internas. Malestares. —Dolor. —Almas que se vuelven grises. 

—Sin permiso al error, no hay progreso. La culpa es la expresión, que evidencia una triste realidad: lo perfecto no existe. Quien hace, se equivoca; quien se equivoca, aunque mínimo sea el error, siente algo de culpa.

Como indicó la escritora, ensayista y activista afroamericana, Audre Lorde: el sentimiento de culpa es una respuesta a la propia manera de actuar, en la medida en que conduzca a un cambio, puede ser útil. —Pero la culpa bien entendida busca corregir un comportamiento no deseado. —Entonces, el perdón sano se origina entre abrazar la lección y aceptar que nada es perfecto. El insano nace entre excusas, nada aprende, es: un falso perdón. 

Ahora bien, el contraste es grande. La sinceridad de quien se hace cargo, se permite sentir y madura, es diferente de quien se pierde en un sinfín de excusas que «suavizan» la culpa desaprovechando la oportunidad de aprender una lección. —El comportamiento de quien está lleno de excusas, se repite. Tantas veces como sea necesario. Hasta que aprenda.

No se trata de una lucha, la culpa es un regalo, busca enseñarte algo. Traspasado el dolor, lejos de derrotarte; te eleva, potencia y expande. —El hombre que entiende la profundidad del sentido de culpa, crece.

La culpa no sanada, se enquista. Destruye, lastima. Requiere de excusas cada vez más elaboradas, rebuscadas y grandes. ¡Inmensas! Pero las voces que juzgan y piden rendir cuentas.

Todos necesitamos defendernos. Necesitamos ese espacio. Es humano defender una posición, explicar los motivos y las interpretaciones que condujeron al error. Pero cuando las excusas son grandes, nada se aprende. La energía necesaria para la defensa reduce el espacio de aprendizaje. 

La culpa es un sentimiento positivo, una alarma necesaria. Podría ser la antesala de un cambio.

Entonces, la inspiración llega de lugares impensados, los errores, también. Nada es peor que lo que se aquieta en búsqueda de perfección. Almas nobles y maduras, cometen errores. Pero es imposible controlarlo todo. —¡Culpa, si! ¡Miedo, si! ¡Quietud, no!

Para que negarlo, el error tiene sabor. Es amargo. Entre equivocarme y no hacerlo, prefiero no hacerlo. Sin embargo quien hace, ya lo dije, se equivoca. —Nos debemos el permiso al error. El error no nos define. Saberse falible y vulnerable, potencia un desarrollo humano. 

—¿Cuándo fue la ultima vez que te sentiste culpable? —¿Aprendiste algo?

Ese dolor que desgarra a quien se permite sentir, expande. —Crecer implica sentir culpa. 

Fin.


Reflexiones, cada semana desde el 20 de marzo de 2024.

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