Cada época tiene sus estereotipos de éxito.
En los noventa era el ejecutivo ganador, tipo lobo de Wall Street. A partir del 2010 ser fundador de una startup de tecnología o influencer (viajar, salir y mostrar de forma increíble los rincones oscuros del alma). Hoy tenemos dos: el que es dueño de su tiempo, porque se lo ganó y puede sostenerlo (no porque es un vago), y el optimizador, que perfecciona todo lo que toca: rutinas, inversiones, relaciones, su cuerpo y hasta el color de sus zonas íntimas.
Pero sacando las generalidades (y el daño irreparable que le generan al cerebro las redes sociales): ¿cuál es tu estereotipo de éxito?
Yo no sé si será que viví lo suficiente o maduré, pero llevo años persiguiendo mi propio estereotipo de éxito… la mejor versión de mí mismo.
Por dos cosas:
Primero, porque todos somos buenos para algunas cosas y un desastre para otras. Cuando caigo en la trampa de desear lo que tiene otra persona, analizo el combo completo. Al revisar lo que implica tener otra vida, abrazo la mía.
Segundo, porque tanto vos como yo somos una mezcla única de historia, valores y rasgos. Al final del día, vos sabés qué áreas podés mejorar y qué áreas tenés que aceptar (y abrazar).
Por eso me comparo conmigo mismo.
En muchas cosas que me propuse mejoré, en otras sigo trabajando y el resto las acepté.
Y estoy seguro de que compararme conmigo mismo es más sano que desear un estereotipo genérico de éxito.
PD: un modelo 1:1 para que te conozcas mejor y crezcas siendo vos mismo: Modelo Pbe©.
Fin.
Mariano.
