Hace unos días vi en Instagram una imagen de una pareja besándose, con la frase: —“El romance es el nuevo punk.”
La verdad, me llamó mucho la atención y cuando entré a la publicación había otra imagen, con una familia y la frase: —“La familia es el nuevo punk.”
El punk no es solo música, sino un movimiento cultural que rechazaba el orden establecido.
Por eso me quedé pensando: —El romance, la familia, criar hijos, casarse, educarse, participar activamente en organizaciones sociales, espirituales o religiosas, ¿es el nuevo punk? O sea, en un mundo desordenado, ¿rechazar el desorden es el nuevo punk?
Te cuento algo:
A fines de 1930, en medio del ascenso nazi, Norbert Elias (1939) desarrolló su teoría sobre la civilización, mencionó que el proceso civilizatorio implica aumentar el autocontrol, prevenir consecuencias, cooperar y entregar el monopolio de la violencia a manos del Estado. Básicamente dijo que la civilización es posible si existe, por parte de las personas, autorregulación para cuidarse de las consecuencias que pueden imponer las instituciones.
Trayéndolo a hoy: ¿estamos en un proceso de descivilización?
Me explico: llevamos varios años deconstruyendo casi todo, discutimos y cuestionamos por igual lo que suma y lo que no. Y lo interesante es que todos participamos del proceso, no importa si sos académico, científico, empresario, profesional, político, influencer o therian, si tenés un smartphone podés manifestarte y hacer lo tuyo, con nombre y apellido o anónimamente.
Antes, el control se concentraba en el Estado, pero hoy hay grupos cohesionados por causas de odio o justicia, que se expresan libremente. Y en segundos tanto organizaciones como la vida de las personas pueden cambiar para siempre. Para bien y para mal, los ejemplos sobran: desde Tim Payne hasta las denuncias falsas, cancelaciones y linchamientos digitales. El camino de la evolución que elegimos tiene rasgos marcados, con pros y contras.
Con libertades, pero sumergidos en desinformación y por ignorancia, vagueza o deliberación, desde el sillón (lejos del mundo real), perdemos el autocontrol y el temor por las consecuencias. Y es más, si algo no se alinea con nuestros intereses, no solo que no colaboramos, sino que no nos pesa destruir.
Entonces: ¿transitamos un proceso de descivilización?
Por un lado, sé que ser humano implica sentir emociones; pero por otro, también sé que implica pensar y razonar.
A mi edad y con mis valores, el orden parece ir de salida y el caos de entrada, lo que antes se aspiraba hoy parece pecado.
Soñaba con ser padre, pero hoy veo cómo las personas rechazan los proyectos de maternidad y paternidad con diferentes argumentos. Soñé con educarme y formar a otros, pero hoy parece que con un smartphone, IA, y seguidores, cualquiera puede enseñar.
A veces dudo si es un proceso deliberado, y provocado, o solo somos humanos siendo humanos.
Es loco, porque al analizar la historia, entre caídas de imperios, reformas religiosas, guerras y revoluciones sociales y tecnológicas, cada un puñado de siglos, los humanos perdemos el norte hasta resetearnos.
Por eso pienso que sí estamos en un proceso de descivilización.
Vos, ¿qué opinás? ¿Ser civilizado es el nuevo punk? ¿O el punk ya está muerto?
Fin.
Mariano.
Reflexiones, cada semana desde el 20 de marzo de 2024.
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Mariano.
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