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El diseño del futuro. | #35

Luego de semanas cargadas de actividad y emocionalidad, sin planificarlo, como si no pudiera ser de otra forma ciertos puntos se unieron y crearon una nueva perspectiva. –Sí, ¡ya se! Te estoy diciendo mucho sin decirte nada. ¡Ya voy! ¡Ya voy! Teneme un poco de paciencia.

Ésta semana voy a escribir sobre diseño, pero no cualquier diseño. Voy a escribir sobre «el diseño del futuro». –¿Te sumás a reflexionar conmigo? –¡Vamos!

Empecemos por la etimología, la palabra futuro tiene su origen en el latín futūrus, significa «ser» o «estar», se traduce como «lo que ha de ser». El futuro no sólo hace referencia al tiempo cronológico, sino también a una posibilidad y proyección hacia lo que está por venir.

Cuando lo pensamos de manera lineal tenemos tres tiempos: el pasado, el presente y el futuro. El pasado en algún momento fue futuro, luego se convirtió en presente y ahora es lo que es; precisamente eso, pasado. Lo mismo pasa con el presente, fue futuro, ahora es presente y en un puñado de segundos será parte del pasado. Ésta forma de observar el tiempo nos da cierta sensación de continuidad, secuencialidad y progreso. Pero, no es la única forma de analizar el tiempo, existen otras.

Por ejemplo la concepción del tiempo circular, que a diferencia del tiempo lineal, los sucesos no se perciben de forma secuencial, sino más bien como un ciclo continuo e interconectado que no tiene un principio ni un final claro. Ésta forma de concebir el tiempo propone una constante renovación hacia un eterno retorno. Éste tiempo circular está muy vinculado con los ciclos naturales como el día y la noche o las estaciones del año. Es una concepción muy presente en los tiempos antiguos.

Quiero aventurarme a reflexionar y me inspiro como de costumbre en un filósofo amigo. Pienso en el justo medio. –Me pregunto –¿Podemos pensar en el futuro y tomar lo mejor de ambas concepciones del tiempo? –¿Podemos reflexionar acerca de un tiempo con cierta linealidad pero que incorpore elementos e interconexiones de la circularidad? –Sí, podemos. Porque para eso están las reflexiones, ¿no? –Tenemos permitirnos pensar escenarios y reflexionar sobre ellos. Permitirnos pensar y jugar un poco. –Para mí, es una obligación hacerlo. Porque sí nosotros mismos no pensamos acerca de lo que nos acontece, alguien más lo hará por nosotros.

–Aprovecho y agradezco a Martín Parselis por hacernos pensar. –En una excelente y magistral clase doctoral reflexionamos sobre una herramienta muy interesante que se llama «El Cono de Futuros». Es una herramienta conceptual, desarrollada por el físico teórico y futurista Joseph Voros. –La herramienta es también conocida como «El Cono de Voros». Nos propone entender la naturaleza indeterminada del futuro y a explorar múltiples escenarios a partir del presente. Incorporando al análisis varios tipos de futuros. Los futuros probables –aquellos que tienen altas probabilidades de ocurrencia en base a lo que tenemos hoy.

Por ejemplo, el uso de la IA aumentará en el 2025–, futuros posibles –podrían ocurrir basados en conocimientos que aún no poseemos. Ejemplo, androides voladores–, futuros plausibles –son posibles basados en nuestra concepción y comprensión actual del mundo. Por ejemplo, transiciones en materia de sostenibilidad. Moda circular, energía renovable u otra–, y futuros absurdos –que parecen ser imposibles considerando conocimiento y concepciones actuales. Por ejemplo, los humanos ya no envejecerán–.

La idea de crear futuro me viene resonando mucho últimamente. Probablemente vinculado al hecho de emprender nuevos desafíos y estar impulsando nuevos proyectos a través de Convergence. –Es interesante porque el simple hecho de pensar de que en el presente y futuro mediato tenemos la capacidad de realizar cambios que nos acerquen a al futuro deseado, aporta una cierta sensación de control. Más allá de que se haga realidad o no, tiene un mejor sabor que estar esperando a que las cosas pasen, ¿no? –A mí me genera muchísima ansiedad esperar sin hacer.

Asimismo, me gusta la creativa idea de los futuros absurdos. La historia de la humanidad está repleta de eventos que al ser analizados con el espíritu de una época en particular, se veían altamente improbables y hasta imposibles. –Por ejemplo, el hecho de volar que hoy nos parece común, pero hace 150 años seguramente sonaba absurdo. –Henry Ford tiene una frase, épica, que dice «Si le hubiera preguntado a la gente, me habrían pedido caballos más rápidos». En algún punto es cierto, quiénes se encuentran en la frontera de la innovación de cualquier área ven escenarios probables, posibles, plausibles y absurdos que no ven los outsiders. –Aunque, pensándolo un poco, en la medida que la complejidad aumenta todas las voces son necesarias. Outsider, insiders, los «cuerdos» y los «locos», podrían tener algo que aportar, ¿no? 

Ya cerca de concluir el escrito, como de costumbre, me surgen varios interrogantes, me pregunto –¿Prefiero entregarme al relativismo posmoderno y convencerme de que los sucesos de la realidad sólo ocurren sin más? –O, ¿Prefiero ser un actor central en el diseño del futuro evaluando ante cada situación escenarios probables, posibles, plausibles y absurdos? ¿Quizá definiendo objetivos, estrategias y acciones que me permitan tener al menos algún grado de incidencia? –No estoy seguro a veces suena más cómodo «esperar», requiere menos energía y no hace falta enfrentar nuestros miedos, ni demonios.

–Pero esconderse, tapar y resignarse, ¿será gratis? –¡Nada es gratis! –Al menos no lo es para mí. –Entonces, ¿Puedo entregarme a la realidad líquida? –No, no me funciona y no es para mí.

–Para cerrar y siguiendo la costumbre de reflexiones, te pregunto –Y vos, ¿que rol querés tener en el diseño del futuro?

Fin.

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