Dicen que por amor hacemos cosas que de otra forma no haríamos. Y sí. Es cierto. Por amor nos jugamos la piel.
Bueno. Te voy a contar algo.
Experiencia reciente. De hace unos días.
Ahí está, visible y brillante. El cartel enmarcado con luces dice: “audición musical 2025”. Es el centro de atención de las ciento ochenta miradas que están en la sala. En el aire se respira ansiedad y emoción. Sobre todo emoción. El lugar es amplio y está iluminado con luces blancas (como las de un estadio, pero no tan grandes).
Ahora sí. Se escucha el bullicio. Están entrando.
Con sonrisas de oreja a oreja (unos más nerviosos que otros) se acomodan ordenadamente en sus lugares. Son más de noventa. Sí. Noventa chicos, el orgullo, el futuro y la esperanza, de las ciento ochenta personas que observamos ansiosos y emocionados.
Está algo tenso. Repasa y mira de un lado al otro. Le llevó unos segundos; pero ya está, nos ubicó. Primero a mí (estoy en la segunda fila alineado a él), después a su mamá (ubicada al final de la primera fila).
Cuando anuncian que el show va a empezar estoy al borde de las lágrimas. Respiro e intento contener la emoción para no quedar como el más sensible del lugar. Lo logro.
Después de dos canciones animadas. Y cuando creí haberlo superado. El profesor con su guitarra llama a uno de los chicos. Éste llega con su Melódica (una especie de piano que se sopla). El profe, dice: —“Ahora, una de The Beatles.”.
Después de haber ensayado durante meses, más de noventa chicos, acompañados por la guitarra y la melódica, cantan a coro y afinadamente “In my Life” de The Beatles.
Obvio. En ese momento la emoción fué incontenible. Me superó. Con lágrimas pidiendo espacio y sin dejar de observarlo (cantando junto a sus compañeros). Me quebré.
Entre lágrimas (como pude), lo acompañé con la mirada y los aplausos durante el resto de la audición. En total fueron siete canciones. Por suerte cerraron bien arriba con una cumbia Colombiana.
Antes que termine el encuentro. La directora tomó el micrófono y dijo: “hay más sorpresas”. —A todo esto yo estaba como una oveja mojada, secándome las mejillas. Abrumado por la emoción.
No presté atención a todo lo que se dijo, pero sí escuché “concurso literario”. Más específicamente, de escritura. Entonces, recordé una charla que tuvimos camino a casa en la cuál mencionó el uso de un pseudónimo para escribir una historia. Así que intuí que se trataba de eso.
Y sí. Efectivamente. Empezó el reconocimiento a los más de noventa chicos por sus escritos. La directora dijo “habrá menciones especiales”. Lo observé, lo ví inquieto. Deseando la mención. Al ver esto, no pude evitar que ese deseo se trasladara a mí. Ahora, sumado a la emoción (abrumadora) sentí ansiedad y deseo.
Con la primera mención (para una compañera que escribió una historia increíble), los aplausos colmaron la sala. Cuando empezó el segundo reconocimiento, lo percibí desinteresado. Quizá resignado porque no se trataba de su escrito. Me relajé, pensé: —“Bueno. Será en otra oportunidad.”.
Después de leer la historia “Los galácticos en planetas”, la directora mencionó a su autor: “Alex Wallinton” o algo parecido. Muy creativo por cierto.
Y bueno. Pensé que había tenido suficiente. Pero no. Pensé mal. Resulta que este Alex Wallinton es el pseudónimo de mí hijo.
Creí que no quedaban, pero sí. Las lágrimas se renovaron para la premiación. Y alcancé un pico de emoción que todavía me acompaña mientras escribo.
Pero. Sobreviví. Acá estoy.
Más allá de narrar un momento emocionante (e importante). Decidí escribir al respecto para transmitir algo de la intensidad que implica ser padre. Y bueno. También enviar una señal. Tirar una botella al mar con un mensaje.
Hoy escucho a personas en edad (y condiciones) de ser padres, no elegirlo. Por un motivo, u otro (movimientos childfree). —¿Habrá algo cíclico en esto?
Quién sabe. Quizá en breve complementamos las experiencias y el consumo, con la intensa y profunda vivencia de ver a un hijo: —Nacer, Vivir y Crecer.
O bueno. No. Quizá se instale. —¿Será la primera vez en la historia que nuestra especie crea que el futuro no depende de los niños?
Fin.
Reflexiones, cada semana desde el 20 de marzo de 2024.
Hasta la próxima reflexión, seguro. Gracias.
Mariano.
