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Sin vacío. Sin profundidad. | #91

Como la mayoría de los jueves desde hace meses trabajé en casa.

Hice click en la equis de la pestaña y finalicé la llamada. El calendario me dice que tengo 10 minutos antes de la próxima reunión. Miro por la ventana, veo autos, edificios, algunos árboles y el cielo distorsionado por el calor. La verdad. Ni me di cuenta. No me acuerdo cuándo ni cómo pasé del cielo al smartphone y revisar notificaciones.

Vuelvo a mirar el reloj, ya pasaron los diez minutos, tengo que entrar a la siguiente reunión. 

Ya sabés como soy. No lo puedo dejar ahí. 

Una idea se quedó conmigo: —¿Dónde fue el vacío que había entre una cosa y la otra? 

Bueno. 

Acá estamos. El tema es así.

El smartphone entre reuniones, cuando esperas a un amigo, un Uber (o colectivo), o te atiendan en la cola del supermercado, consume el tiempo ocioso y llena el vacío con contenido. 

Éste es nuestro mundo hoy. Así vivo yo. Y también vos.

Según dicen recibimos entre 5 mil y 10 mil estímulos por día, nos mantienen entretenidos y ocupados. Y obvio, sin vacíos.

Además. Se sumaron otras cosas. 

¿No te pasó sentir que estás a un prompt de distancia de todas las respuestas? 

Y sí. 

Prompt. Tarán-tarán. Respuesta. 

Por un lado está re bueno. 

Pero. Por otro, es raro. No tener vacíos, es raro. 

Y en algún punto, menos profundo.

De alguna manera el vacío tiene un efecto seductor. Magnético. 

Por ejemplo. Cuando algo no tiene un nombre. Si te digo “un objeto interestelar” es muchísimo más apasionante que 3I/ATLAS, ¿o no?

Donde hay vacío, hay misterio. Donde hay misterio, nunca sabés lo que va a pasar. Y que existan cientos de posibilidades. Es mágico.

Sí. Lo sé. Te entiendo.

Sin su contexto una historia pierde utilidad. Pero. Sin utilidad nace un sentido poético. 

Como el de una persona caminando sola en medio de un desierto. Un auto oxidado en un campo. O la figura de una sombra reflejada por el sol del atardecer.

Los humanos necesitamos vacíos para crear historias que no existen al saberlo todo. 

Así como el silencio hace crecer la música. Los vacíos hacen crecer el alma. Son semillas para la creatividad, y también, para los sueños. 

Pensalo. 

Donde hay vacío. Hay misterio. Donde hay misterio. Hay magia. 

Sin vacío, el silencio desaparece. La música. Muere. 

¿Qué nos queda? 

El ruido. El ensordecedor y desabrido ruido de saberlo todo. 

¿Entonces? ¿Está todo perdido?

Bueno. No. La verdad que no.

Quizá, podemos mantener la evolución y recuperar el vacío, ¿qué decís?

Fin.


Reflexiones, todas las semanas desde el 20 de marzo de 2024.

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