Esta semana voy a reflexionar sobre dos emociones, «Amor» e «Ira». Considero, al menos al comienzo, que estas emociones están estrechamente vinculadas, de todas formas voy a dejar espacio a sorprenderme en este camino reflexivo.
–¿Me acompañás? ¡Vamos!
A un lado de nuestra reflexión, el amor. Según la etimología de la palabra, amar viene del latín amāre significa justamente eso, amar. Se relaciona con conceptos de «afecto», «cuidado» y «conexión emocional». Meses atrás leí un libro increíble, llamado «El Arte de Amar» de Erich Fromm (1900-1980) –Psicólogo, psicoanalista y filósofo humanista alemán–. Un libro excelente para profundizar en el entendimiento del amor.
La tesis de Fromm es que el amor es algo así como un pegamento social. El amor, nos distancia de aspectos destructivos como el aislamiento y la desconexión entre unos y otros. –¡Idea interesante! ¿o no? –Asimismo, Fromm menciona varios tipos de amor. El «amor fraternal», se relaciona con el amor humano, existe por el simple hecho de humanizar a un otro; el «amor maternal», está relacionado con el tipo de amor incondicional que se experimenta por los hijos; el «amor erótico», se relaciona a los vínculos de pareja; el «amor a uno mismo», como su nombre lo indica es el auto amor –¡Ojo! ¡Diferente del egoestima!–. Por último, «amor a Dios», vinculado con el amor espiritual.
Va más allá del amor religioso o por un Dios en particular. Independientemente del tipo de Amor del cuál se trate, Fromm hace hincapié en lo que respecta al compromiso, la voluntad, el respeto y la responsabilidad a la hora de amar. Con esta mirada podemos afirmar que ¡a amar se aprende! Eso sí, requiere de aprendizaje, reflexión y compromiso. Si querés vivir un amor de profunda vinculación, hay que dedicar tiempo y energía.
Al otro lado de nuestra reflexión, está la Ira. Tema que investigué esta semana para grabar un nuevo capítulo de Snac Podcast –¡Igual! Te cuento un secreto. A lo largo de los años estudié mucho sobre la ira motivado por una tendencia a ser presa de ésta emoción –Sí, tengo mí caracter y puedo ser un poco enojón jeje–. La palabra ira viene del latín, significa «cólera» o «enojo», se relaciona con un «sentimiento intenso» y de «movimiento rápido». Más allá de lo etimológico, hay otras definiciones interesantes que encubren miradas filosóficas distintas. Según Robert Salomon «La ira es juicio de que uno ha sido agraviado u ofendido».
El filósofo estoico Séneca, en su libro «De Ira» –súper recomendable–, menciona, «la ira es una locura breve (…), sobrepuja la razón y arrastra con ella (…). La ira es sorda a los consejos de la razón». En resumen, a lo largo de la historia existen y existieron diferentes miradas sobre la ira que suponen una mayor o menor capacidad de control. Algunas entienden a la ira como una mera reacción primitiva, ingobernable; otras suponen la posibilidad de moldearla y así, gestionar las respuestas; y, en el otro extremo, están aquellas que se orientan a desarrollar la capacidad de someter a la ira a nuestra merced y control, doblegarla.
–Al pensar sobre todo esto, como de costumbre, me abordaron ciertas inquietudes –Pienso en lo que amo y me pregunto –Si aquello que amo es agraviado, ¿Me invade la ira? –Mí respuesta instintiva es, sí. Pero si lo pienso un poco más, la respuesta sería «no necesariamente». Por ejemplo, me imagino en un espacio público y social en el que alguien le falta el respeto a un ser querido. Lo pienso. Mí reacción estará muy condicionada por varios factores –¿Dónde estoy? ¿Quién es el ofensor? ¿Cuál es la ofensa? ¿A quién le está faltando el respeto –amigos, pareja, hijos o hijas–? ¿Cuál es mí estado de ánimo ese día? Existe un set de posibles respuestas. Algunas estarán más y otras menos influidas por la ira.
–Continúo y reflexiono –Un factor determinante para la ira, son nuestras creencias. En cierta forma la intensidad emocional será proporcional a las creencias que tenemos de fondo.
Amarlas demasiado es siempre un problema. Afirmaciones como: «Nadie me falta el respeto», «Mí familia es intocable», «No voy a permitir que nadie le haga daño a mí familia», «Nadie se mete con mí pareja», «Nadie ofende a los míos», «nadie se mete con lo que es mío», son afirmaciones que esconden creencias fuertes e intensas. Ante una situación de ofensa, podrían generar una reacción encadenada por la ira. –Pienso –Amar, no necesariamente implica defensa, al menos no una defensa con ira e inconsciecia. Lo amado también requiere su espacio, ¿no? Al igual que pasa con el resto de las emociones básicas, existe cierta universalidad, todos las tenemos. Sin embargo, si bien todos sentimos emociones, no todos las vivimos con la misma intensidad. Nuestros rasgos personales y creencias, influyen y mucho. Vale la pena conversar con uno mismo y reflexionar para conocerse y porque no mejorar.
–Sigamos –¿Podemos gestionar la ira? –La ciencia tiene varias corrientes, personalmente me inclino hacia las corrientes que apuestan por nuestra capacidad de gestión, no somos simplemente «víctimas» de nuestros impulsos emocionales. –¿Cómo podemos gestionar la Ira? –En la medida que desarrollamos nuestra conciencia, moldeamos nuestro carácter.
Además, existen técnicas para gestionar nuestras respuestas emocionales. En primer ligar y manteniendo la línea de la reflexión –Podemos revisar nuestras creencias. Sí, podemos y deberíamos hacerlo. Porque detrás de cada emoción intensa hay creencias más o menos limitantes. –¿Otras técnicas? –«Tomar distancia» ¡alejarse de aquello que genera ira! Ya sea que te tomes un break para respirar, ir al baño, tomarte vacaciones o distanciarte de eso, él o ella, para siempre. Hay situaciones y personas que sacan lo peor de nosotros. –El «Ejercicio físico», clave, básicamente para quemar energía o desbloquearla. Cansar a nuestra parte primitiva ya sea con deporte intenso, bicicleta o caminatas, ayuda ¡Sí! ¡Todo suma! –También, técnicas de respiración, relajación y meditación; asistencia de profesionales en salud mental, coach o mentores. Bueno, en fin hay muchas maneras, el asunto está en encontrar aquello que mejor se adapte a vos.
¡Es cierto! A veces es más fácil, poner en el centro de atención lo que los otros hacen o dejan de hacer. Es obvio, el mundo debería de transformarse para que podamos ser nuestra mejor versión. –Sin embargo, me pregunto y te pregunto –Si querés mantener los pies limpios ¿Es mejor ponerse zapatillas o esperar a que el mundo esté alfombrado?
–Te invito a reflexionar. –Tanto el amor como la ira, requieren de vos y tu gestión.
Fin.
