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Lo que te distingue. | #32

Hace unos días Elon Musk anunció en nombre de una de sus compañías, Tesla, lo que podría ser el comienzo de algo grande, distinto. El Robot Optimus qué estaría disponible a fines de 2025, tiene la capacidad de realizar una serie de quehaceres domésticos que podrían transformar la vida de las personas. ¡Imaginate! De no querer hacerlo, ya no tenés porque cargar bolsas, pasear al perro, preparar tragos e incluso si te incomoda vas a poder delegarle el cuidado de tus hijos. Además, porque no, la comunicación con personas de carne y hueso que quieras evitar… ¡Sí! Optimus puede conversar. Tiene la capacidad de entablar una conversación, por ahora un tanto «artificial», será cuestión de tiempo para que mejore dicha capacidad y podamos ponerle la voz de Frank Sinatra, Edith Piaf u otro artista, celebrity, familiar, amigo, vecino –esté o no esté entre nosotros en el mundo de los vivos–.

–No tengo una explicación, al menos no una definitiva. No se bien porque pero sencillamente, pasa. Cuando un tema dice presente aparece por todos lados, una y otra vez.

Luego de notificarme de los próximos lanzamientos que hará Tesla, comunicados por Musk en el evento «We, Robot» –por cierto, además de Optimus presentó la Robovan, vehículo para trasladar hasta 20 personas y el Cybercab, un Robotaxi–. –Mí hijo eligió ver en Netflix una película llamada «Los Mitchell vs. Las Máquinas», en resumen, es una película de animación que plantea una crítica al vínculo que tienen las personas con la tecnología. Lo que más me sorprendió no fue el contenido general de esta película de animación –lanzada en 2021–, sino la similitud de los robot con inteligencia artificial que aparecen en ella, con Optimus.

De hecho, en la película «Mark» –pseudo Elon Musk afroaméricano–, realiza el lanzamiento de una nueva generación de robot: «PAL MAX, los asistentes que cambiarán tu vida» –¡Anuncia!–. Limpian, ordenan, cocinan y… ¡Sí! –Al igual que Optimus– ¡Bailan! –Sí te interesa realizamos desde «No Soup» una cápsula con el vídeo comparativo acá–. 

Como si todo esto no fuese suficiente, llegó el fin de semana ¿A dónde vamos? –¡Al cine! –¿Qué vemos? –«Robot Salvaje». –No quiero spoilear, recién se estrena. Buena película. ¡Más Robots! –Durante y después de verla resonaron en mí ciertas inquietudes. En la película animada no aparece ningún personaje humano, sin embargo sí está presente muy presente, un rasgo distintivo que tenemos las personas.

Pensar en esto me hizo caer en la cuenta qué sólo es cuestión de tiempo para que pase. La humanidad está transitando un momento de cambio profundo, sumamente intenso. Los robot humanoides como Optimus, estarán pronto entre nosotros. En una enorme cantidad de aspectos superan la capacidad humana y ésto puede resultar un tanto tenebroso. Al menos para algunos. Más allá de lo obvio, somos organismos biológicos y ellos artificiales, contamos con cierta autonomía para tomar decisiones y podemos vivir sin baterías. Además, tenemos conciencia de nuestra propia vida y muerte –o al menos deberíamos–. Me pregunto, más allá de estos rasgos –¿Qué es lo que nos distingue? ¿Qué nos diferencia a nosotros de ellos?

Al explorar entre los rincones llegué a algunas respuestas, momentáneas. Luego derivé en otras, más tarde en unas nuevas. Después, conversando con un cliente en una sesión de advisor 1 a 1, me di cuenta que lo que nos diferencia a las personas de los robots son nuestros «pliegues». Un «pliegue» es la representación de doblez o surco que genera capas y complejidad. Un pliegue pierde en cuanto a amplitud pero gana en profundidad. Deja cosas fuera de la visibilidad. Se diferencia de lo pulido y estirado que queda a la vista del observador y no esconde nada. El pliegue es humano en su composición, es oscilación –entre lo bueno y lo malo, la luz y la oscuridad–.

La parte sombría es un identificador de lo que nos diferencia y caracteriza. Las zonas fallidas y erróneas. La máquina no falla o al menos debería no hacerlo. Todo o casi todo lo que hace lo hace bien, a diferencia de nosotros, organismos biológicos fallidos. Los humanos nos equivocamos. Por más duro que trabajemos tarde o temprano nuestras sombras aparecen y negarlas es el inicio de un problema más grande. Al tener miedo, sí lo negás, esquivas o evitás, se manifiesta con mayor recurrencia e intensidad. Cuando sentís ansiedad, esquivarla o negarla, provoca más de lo mismo. Cuando se trata de emociones, lo que querés evitar aparece con más fuerza y lo que querés agarrar con mucho ímpetu se escurre entre las manos. Somos pliegues, somos oscilación. Abrazar la idea de imperfección parece ser un camino sabio y humano.

En los pliegues radica lo que nos hace distintos, lo que nos separa tanto de las especies biológicas menos complejas como de las complejas estructuras tecnológicas. Son nuestros pliegues, oscilaciones, las que no hacen humanos. Sombras personalísimas que nos distinguen, a los unos de los otros y a los hombres de las máquinas. Lo maquinal es pulido, preciso, se mueve entre ceros y unos. Con la iteración y mejora en la programación, avanza. Cada vez falla menos. Lo humano, diferente, oscila entre la grandeza, mediocridad e insignificancia. Por más magnánimo que sientas que sos, la propia vida tarde o temprano te va dejar hermosos dedos marcados en la cara.

–Tu sombra, te distingue. –No podés escapar de tu propia naturaleza ¡Dejá de intentarlo!

–Ante una inminente realidad corpórea de lo pulido, Optimus estará sentado frente a nosotros, me pregunto y te pregunto –¿Exploraremos más nuestros pliegues o seguiremos buscando la existencia pulida? –¿Qué pasará con la expresión de nuestra naturaleza imperfecta? ¿Cómo nos vincularemos entre nosotros y con las máquinas? –¿Replicaremos las bellas palabras que nos indique Optimus para hablar con otras personas? –¿Nos volveremos «interfaces orgánicas» que realicen la logística del contenido artificial y vincule una IA con otra? –¿Encontraremos el espacio para explorar nuestra imperfecta profundidad?

–No tengo respuesta, te invito a pensarlo.

Fin.

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