—Respiro y me digo internamente: —¡Dale! Un poco más, vos podés. —Con esta reunión termino, es la última de una semana sobrecargada de actividades. Si mi energía fuese la batería de un celular, está al 5%: lo que me queda es escaso.
Cuanto más escaso es un recurso más valioso, pero no solo es disponibilidad, también es conciencia; me explico:
Tu semana tiene una cantidad limitada de horas, y son pocas las que podés usar en el más alto rendimiento, si vas muy arriba, después bajás. Tu energía no es la misma a lo largo del día, y depende lo que hagas, cambia.
Bueno, no es solo tu energía (o la mía), si te ponés exigente y lo pensás, cuando hablamos de escasez, no hay recurso que no sea escaso, es cuestión de con qué lo compares.
Si pensás que algo es infinito, lo subvalorás, pero cuando lo ves finito lo valorás más. Por ejemplo, si pensás en tu salud estando bien, la ves infinita, pero cuando te enfermás (o lo hace algún ser querido) tu mirada cambia.
No es solo el tiempo o la salud, son muchas las cosas que creés infinitas, y no lo son. Nos pasa hasta con la energía solar, que la creemos infinita porque es más grande que nosotros (y nuestra especie). Pero en realidad esa energía algún día morirá.
Me quedo en la idea de recursos escasos, porque tengo la sensación de que estamos viviendo como si fuéramos infinitos.
Y no solo por tu energía, salud o recursos disponibles, sino por vos mismo. Porque tu combinación de rasgos, valores e historias de vida es única. Podés parecerte a otros en algunas cosas, pero sos un ser único e irrepetible, eso te vuelve escaso y al mismo tiempo: un ser valioso.
En promedio las personas vivimos alrededor de 4000 semanas. En términos amplios parece mucho, pero en la medida que las semanas se consumen, se vuelve poco y la tensión aumenta.
A mi alrededor pasan cosas, tengo conversaciones y observo, escucho a mis amigos preguntarse cómo vivir la última etapa de sus vidas, amigas que hablan sobre su reloj biológico para maternar y también, veo cómo algunas personas tomaron la decisión (consciente o inconscientemente) de reducir sus semanas de vida multiplicando la dopamina, los estímulos y los excesos (es imposible que un cuerpo humano resista así).
En lo personal, por un lado, voy acumulando más dudas que certezas, pero también algunas cosas que no puedo ignorar. Me doy cuenta de que una decisión consciente no es lo mismo que una inconsciente. Y cuanto mayor es la conciencia, mayor es la tolerancia y el perdón. Si te tomás el trabajo de reflexionar profundamente antes de tomar tus decisiones, es raro que te arrepientas de lo que pasó, la sensación interna suele ser como un: “está bien, lo di todo”. Al contrario, no hay peor ciego que el que no quiere ver.
Reflexionar sobre la escasez es un buen camino para aumentar la conciencia, porque te das cuenta de que todo lo que te fue dado, en poco tiempo podés perderlo. Y cuando lo ves así, tu mirada cambia.
Pienso en la escasez de forma positiva, a mí me ayuda saber que lo que tengo es escaso, porque así puedo disfrutarlo más. Me ayuda a decir no y a decir sí, y a poner conciencia sobre mis acciones, y también, a saber lo que estoy decidiendo poner en juego cuando elijo una cosa por sobre otra.
No podés controlarlo todo, sería estúpido pensar que sí, pero sí podés decidir el nivel de conciencia con el que analizás las cosas, que elegís hacer y que no es una decisión muy personal. Y querer salir de algo, no es lo mismo que no quererlo.
Mirá, las veces que vas a reír, cantar, soñar, amar, abrazar y besar son escasas, por eso tenés que ser consciente, y preguntarte si vale la pena usar tu escaso tiempo para: personas que no son importantes, parejas que no amás, proyectos que no te interesan, lugares que no son para vos, o incluso preguntarte: ¿querés estar por estar? ¿existir por existir?
Lo escaso es valioso, y muchas veces no se trata del contenido, tampoco del contenedor, sino de la propia conciencia.
Fin.
Mariano.
