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Umami: El quinto sabor. | #12

Hoy voy a abordar un concepto que me viene persiguiendo y resonando desde hace mucho tiempo. A diferencia de otras veces no recuerdo como llegó a mí éste «regalo» –me motiva la idea de ver los conceptos como regalos y así recibirlos, investigarlos y disfrutarlos–. Éste «regalo» proviene de oriente –más precisamente de Japón–, es centenario y nace en la cultura culinaria. Sin embargo, no se asusten, aunque me encanta cocinar –principalmente cocciones largas: asados, sopas y estofados–, no soy chef ni tampoco deseo serlo. Sí quiero representar su esencia para luego llevarlo hacia otros lugares que van más allá del extraordinario mundo gastronómico.

–¡En fin! Empecemos –El concepto en cuestión es «Umami», como ya mencioné proviene de Japón, fue descubierto hace más de 100 años por un científico llamado Kikunae Ikeda. La etimología de la palabra «Umami» es, por un lado, «umai» que significa delicioso; y por otro «mi» qué significa sabor. Es decir: «delicioso sabor», o también referido cómo: «sabroso». El concepto centenario «Umami» se utiliza para describir un sabor estimulante que genera complejidad y profundidad. Incorpora suavidad y textura a los platos, para generar un «nuevo nivel» en la experiencia de comer. El sabor «Umami» se adiciona a los cuatro sabores básicos ya conocidos –dulce, salado, ácido y amargo– y se lo denomina el «quinto sabor». El objetivo de un cocinero experto es alcanzar éste nivel profundo de sabor y llevar la experiencia de comer hacia un «nivel más elevado».

–Continúo –Para hallar el sabor «Umami» se elaboran múltiples combinaciones, ese sabor especial y distintivo que nos permite elevarnos y cautivarnos requiere de maestría. Cuando se logra se percibe, se provoca no sólo el cuerpo, sino también la mente y el alma. –¡Ya se! Suena poético, ¿no? –Pero, es la idea de éste escrito.

–Mientras escribo y reflexiono, me empiezan a perseguir varias ideas e interrogantes –¿Las encaramos?

–Partiendo de la premisa de que nuestra vida es la que tenemos –podemos cambiar, pero los cambios profundos y reales llevan tiempo–, tu realidad tanto como la mía: ¡Es la que es! –Por eso, me pregunto y te pregunto –¿Será posible incorporar un «quinto sabor» a las actividades que desarrollamos diariamente? ¿Será posible «cautivar» nuestro «cuerpo, mente y alma» como se hace en la gastronomía? ¿Es posible incorporar «combinaciones», «prácticas» o «rutinas» que mejoren, profundicen y den complejidad a nuestra experiencia cotidiana? Y, sí fuese posible: ¿Se trata de realizar «grandes cambios» o de «incorporar pequeñas mejoras» que «sazonen» cada día?

–¡Antes que nada! –Ojalá tuviese las respuestas a estas preguntas, que al menos para mí, son muy interesantes. Con sólo pensar en posibles respuestas me llegan nuevas y mejores preguntas. Pero, considerando que el escrito en algún momento debe finalizar voy a animarme a reflexionar en las ideas que tengo hasta el momento.

No sé si a vos te pasa como a mí, pero luego de mucho tiempo, he descubierto que hay un puñado de cosas que tienen que ver exclusivamente conmigo. Cosas que si las hago habitualmente hacen de mí mundo un lugar más profundo e interesante. Por mencionar sólo algunas, aprendí que si hago actividad física diariamente –ya sea deportiva o no–, canalizo cierto nivel de ansiedad y estrés y mi experiencia mejora. Algo parecido me pasa con la escritura, escribir me conduce hacia un estado de curiosidad y atención a «detalles» que en otras etapas de mí vida pasaba por alto –En cierta forma, así es como llegan a mí los conceptos que llamo: «regalos»–.

También me pasa con Snac Podcast, los días que nos juntamos a grabar con Gastón Villamea son súper entretenidos. Me lleno de energía, y honestamente me deja un halo positivo que mejora mí experiencia cotidiana. ¡Ojo! Con esto no me refiero a que todo es «Happy Flower», de hecho la paleta de emociones es amplia y variopinta. También, en ocasiones mí experiencia diaria se complejiza y se pone difícil. Pero así es la vida, supongo ¿no?

–Antes de avanzar, te hago una pregunta –¿Escuchaste alguna vez sobre la «dicotomía del control» de la filosofía Estoica? Te lo cuento muy brevemente: Los estoicos diferenciaban entre lo que uno mismo puede controlar y lo que no. Lo que las personas «controlamos», es lo que podemos ejecutar por nosotros mismos, sin dependencia de terceros. Lo que «no controlamos» es lo que nos excede, ya sean personas que no somos nosotros –pareja,, familia, amigos, vecinos, comunidad–, el entorno –político, económico, social…–, el clima –«Sigue nublado»–, en fin: sucesos varios de la realidad que no podemos controlar. Los estoicos hacían mucho hincapié en usar la energía en lo que «Sí» podemos controlar.

–Retomando –¿Cuánto podemos hacer de «controlable» en nuestra experiencia diaria? –Bueno, creo que acá es dónde radica la resignificación de nuestra experiencia. El hecho de centrarnos en los aspectos que uno «Sí» puede controlar, y trabajarlos profunda y comprometidamente a lo largo del tiempo, marca la diferencia.

Yo siento y creo –no digo que sea así pero es lo que siento y creo–, qué una de las peores sensaciones con la que podemos vivir las personas, es sentir cómo nuestra energía se escurre y agota en cuestiones que no podemos influir. Imagino que vos, al igual que yo, tenés –o habrás tenido– alguna «causa ajena» que ocupó –u ocupa– un lugar inapropiado o demasiado central de tu experiencia diaria. Por poner un ejemplo: Se vienen a mi imaginario cuestiones que hacen a la política, economía, leyes y regulaciones sociales o ambientales. Temas que por su naturaleza son demasiado grandes y, en general, salvo que seas una persona muy importante e influyente: ¡Te exceden por completo! No sé a vos pero a mí: ¡Éstas cosas me dan mucha impotencia!

A modo de conclusión, creo que para encontrar ese sabor «Umami» de la vida mucho tenemos por hacer con las cosas que «Sí» controlamos –Las que «No», quizá dejarlas por un rato, guardarlas en una cajita y retomarlas luego, ¿no?–. Quizá incorporar pequeñas actividades y rutinas que le den sazón a la vida diaria, sea un «regalo» que resignifique nuestra experiencia, y así alcanzar el sabor «Umami» que estimule nuestro cuerpo, mente y alma.

–Contame –¿Qué te pareció el tema del escrito? Además me gustaría saber: ¿Cómo haces para encontrar el sabor «Umami» en tu día a día?

Fin.

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