A lo largo de la semana me estuve preguntando sobre el tema de éste escrito. Es una edición especial. Especial porque luego de un largo camino con ésta publicación ya son veinte las publicaciones de la newsletter: Reflexiones.
Los números redondos generan «algo», por un lado nos ponen un poco ansiosos y a veces hasta generan crisis –como los cambios de década al cumplir años–; por otro, dan una cierta sensación de logro –fechas especiales, aniversarios…–, ¿no?
Bueno, entre tantos temas posibles que me abordaron a lo largo de la semana, me decidí. Me propuse escribir sobre un tema que es muy importante. Desde hace ya mucho, es uno de los más centrales en mí vida. Éste tema es el «Tiempo».
Como punto de partida, decirte que han pasado ya más de cuatro meses desde el primer escrito que publiqué en Reflexiones «Sobre Humanización» –te dejo el link acá– . Lo recuerdo como sí fuese ayer. El día que escribí la primera reflexión, luego de haber tenido varias reuniones de trabajo, me puse a escribir y lo hice inspirado hasta pasadas las doce de la noche.
Para ser más preciso –hablando del tiempo–, los más de cuatro meses son más de 130 días, más de 3 mil horas –lo que equivale a unos 180 mil minutos–. ¡Es un montón de tiempo! Todo ésto me lleva a una frase muy interesante de unos los autores que más admiro, Lucio Anneo Séneca –Filósofo Estoico, que vivió entre 4 a. C. y 65 d.C –. En su libro «De la brevedad de la vida» Séneca escribe: «No es que tengamos poco tiempo, sino que perdemos mucho». No puedo estar más de acuerdo, partiendo de ésta enorme y admirable frase de Séneca desarrollo mí reflexión de la semana.
El tiempo, es un recurso «valioso, escaso e irrecuperable». Aunque pareciera que vamos a vivir infinitamente ésto no es cierto, nuestro tiempo es finito. Siguiendo la sabia reflexión del filosofo estoico, creo que deberíamos reflexionar con mucha conciencia en torno a como usamos nuestro tiempo. Acaso, ¿Perdemos mucho?
–Reflexiono, me pregunto y te invito a preguntarte –¿Qué hacés con tu tiempo? Siento, pienso y creo –no digo que sea así pero es lo que siento, pienso y creo– que no reflexionamos lo suficiente sobre éste recurso que es valioso, escaso e irrecuperable. –Pienso –Si reflexionáramos lo suficiente ¿Destinaríamos la misma «cantidad» de tiempo a las cosas que lo destinamos? –Profundizo –¿Cuánto tiempo habré destinado durante éste último año a pasar tiempo agolpado frente a una pantalla? ¿Cuánto tiempo habré destinado a consumir contenidos audiovisuales irrelevantes? ¿Cuánto tiempo habré pasado en todo tipo de plataformas –on demand, social media, compras…–? –Bueno, en realidad, aun sin saberlo con precisión, puedo imaginarlo. Mucho más de lo que me gustaría.
–Sigo pensando y continúan las preguntas –¿El tiempo se trata exclusivamente de «cantidad»? –Bueno, no. De hecho, sea por eventos traumáticos –cómo pérdidas, accidentes…–, o eventos gratificantes –como conocer a una persona importante, tener un momento eureka…–, vidas enteras pueden transformarse en sólo un segundo. –Me digo –Lo importante del tiempo es la «calidad». –Esto me lleva a preguntarme –¿Cómo estoy usando cualitativamente mí tiempo? –Ya sea que sea conmigo mismo o con otras personas realmente –¿Estoy pasando tiempo de calidad? ¿Estoy haciendo qué ese tiempo sea cualitativamente bueno?
O cuando hago una actividad para mí –como por ejemplo hacer ejercicio–, estoy con el celular contestando mensajes y mí cabeza se va de un lugar a otro –como un niño aturdido en una juguetería–. Y… –¿Cuándo estoy con otros? ¿Estoy con quién quiero estar? ¿Estoy ahí realmente? ¿Comparto con ellos? –Digo, el tiempo es un recurso valioso, escaso e irrecuperable –Me pregunto nuevamente –¿Cómo lo estoy usando? ¿Lo estoy usando adecuadamente?
No creo que sea necesario llegar al ocaso de la vida para hacerse algunas preguntas incómodas y reflexionar al respecto. En su extraordinario libro «La muerte de Iván Ilich», Tolstoi escribe –moribundo Iván llich reflexiona en su lecho de muerte–: –¿Tal vez no haya vivido como debía? Se preguntaba, de pronto. Pero, esto no es posible, porque siempre he hecho lo que debía hacer– (…). ¿Qué es lo que querés ahora? ¿Vivir? ¿Como? Vivir como vivías (…).
–Me pregunto y te pregunto otra vez –¿Cómo estás usando tu tiempo?
A modo de cierre, te cuento que reflexionar al respecto del tiempo, me condujo a escribir y luego, a publicar. Hoy son #20 las publicaciones de #Reflexiones –un espacio con más de 3700 suscriptores. –Te confieso –Honestamente, sí no hubiese meditado profundamente acerca del tiempo, probablemente nunca hubiera iniciado éste proyecto. Sí bien recién empieza y estoy aprendiendo, no lo hago por deber. Es un orgullo para mí destinar este valioso, escaso e irrecuperable tiempo, a compartir ideas con vos a través de mis escritos.
–Gracias por leer.
Fin.
