Las últimas semanas tuve el placer de conversar con personas muy interesantes. Si bien cada uno de ellos tiene realidades y momentos vitales muy distintos, comparten algo: —Son argentinos con una mentalidad muy poderosa.
Mirá, nuestro país está viviendo el mismo proceso doloroso de transformación que el resto del mundo. Además, como si fuera poco, se nos suman los temas de siempre (política, corrupción, inseguridad, economía, burocracia…). Y no sé cómo hacemos, pero lo hacemos. Sobrevivimos y salimos para adelante.
Si lo pensás, Argentina es un país extraordinario lleno de recursos. Nos destacamos por las materias primas y el clima (tenemos ambientes cálidos, templados y fríos; montañas, campos y playas).
Y ni que hablar del talento. Como ya te dije, tengo el placer de conversar con personas interesantes. Y hablando con ellos (y con otros colegas extranjeros) noté que muchos estamos miopes y ensimismados. Un poco por miedo y otro poco por sobrevivir al día a día, perdimos la capacidad de mirar más amplio. Nos quedamos con el árbol y no miramos el increíble bosque que tenemos.
Cuando bajamos la belicosidad, al ver la pelota rodar o solidarizarnos con otros, lo notamos. Recordamos que nuestro día a día es difícil, pero no tanto como el que viven otros países de Latinoamérica y el mundo. No tenemos guerra ni catástrofes naturales, y si bien nos enemistamos, en el fondo sabemos que podemos bajar la locura, madurar y encontrarnos.
Nuestro país es como un adolescente talentoso. Argentina tiene el talento más que suficiente para sentarse en la mesa de los grandes. Las principales potencias nos observan. Y cada tanto nos dan una oportunidad, nos miden. Nosotros, como todo adolescente, un poco por falta de autogestión y otro poco por torpeza, erramos y desaprovechamos las oportunidades. Después, prometemos que no vamos a volver a hacerlo. Pero nos cuesta. Así somos.
Retomando el tema inicial, cuando te hablo de mentalidad, me refiero a los argentinos que logran estar en la frontera para impulsar la madurez del país. Personas que ven y saben aprovechar los talentos de nuestra gente. Sin ser nenes de pecho, son optimistas, pero no ilusos. Ven lo que tenemos, pero también lo que nos falta. Y a diferencia de los ventajeros y charlatanes (que viven de tu trabajo), ellos no se quedan en la queja y hacen.
Nuestra nación adolescente está repleta de personas así, que apuestan y aprovechan las oportunidades.
Si mirás con atención, parece que los argentinos estamos hechos de otra cosa. Contamos con una capacidad increíble para resistir, perseverar e insistir más allá de los golpes. Seguimos a pesar de las heridas y el daño incalculable que nos hacen esos pocos que van con las manos manchadas de sangre (charlatanes que pueden llenarse de guita, pero nunca van a tener la conciencia tranquila ni la gloria de los grandes).
El primer mundo se sorprende, no entiende. En un siglo, sacamos decenas de personas que parecieran tener línea directa con los dioses. Desde nobeles hasta figuras de elite. Nos destacamos en la industria cultural, los deportes y las ciencias. Solo por nombrar algunos de los nuestros, tenemos a Maradona, Messi, Francisco, Mercedes Sosa, Jorge Luis Borges y Favaloro.
Los parámetros tradicionales son insuficientes. No se puede explicar lo que pasa con los argentinos: —¿Cómo puede una nación adolescente desarrollar ese extraordinario nivel de talento?
No imaginé que iba a escribir sobre los dones de nuestra gente. Pero cuanto más profundizo con personas de nuestra tierra, veo más el brillo especial que tenemos los argentinos. Y además, como te dije la semana pasada, por el simple hecho de tener 40 años, haber tenido la posibilidad de estudiar, emprender, formar personas y poder rodearme de personas increíbles, mi rol es compartirlo.
Sabés qué, sí. Los argentinos somos adolescentes increíblemente talentosos. Y llegó el momento de madurar y participar de la mesa de los grandes con otra mentalidad.
Por eso te pregunto: —¿Vos vas a asumir la responsabilidad de unirte a los argentinos que hacen madurar a nuestra nación?
Fin.
Mariano.
