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Negociá la naranja.

Sabés qué. 

Lo esencial no cambia, sumamos complejidad (muchas veces innecesaria), pero no cambia. 

Los clásicos son importantes, porque tocan lo esencial, sobreviven, se re-versionan.

Bueno.

Te cuento un clásico.

Hace 12 años cuando di mis primeros pasos en la docencia (en la materia liderazgo, conflicto y negociación), leí una historia que se quedó conmigo, creo que está más vigente que nunca. 

Imaginá dos chicos peleando por una naranja. 

—Es mía. 

—¡No! Dámela, es mía. 

—¡Noooooo! Yo la agarré primero, salí.

—Salí vos, es mía.

Bueno, ya sabés cómo son los chicos, empezó con una discusión y terminó a las piñas.

Entonces, un adulto (entrenado), intervino: —¿Qué pasó?

Ambos chicos hicieron su descargo, ninguno cómodo con la situación: “ella tal cosa”, “el tal otra”. 

—El adulto (entrenado), pregunta: —¿Para qué querés la naranja?

—Chico A: —Yo la quiero para comer, estoy muerto de hambre. 

—Chico B: —Yo quiero la cáscara para hacer una torta (vio Master Chef).

La solución rápida (centrada en posiciones), es cortar la naranja mitad y mitad, fin del asunto; pero cuando preguntás para qué (lo esencial), se hace más fácil que cada persona se quede con lo que quiere.

Esta historia no la inventé yo, sino William Ury (fundador de la escuela de negociación de Harvard), es un clásico para transmitir la importancia que tienen los intereses en la negociación; y cómo si pasás de las posiciones (qué), a los intereses más profundos (por qué o para qué) es más probable encontrar una zona de acuerdo.

A ver. 

Te cuento esto porque quiero que te preguntes para qué (o por qué), es importante trabajar tu marca personal.

Sí, más allá del ruido, las redes sociales y todo eso, volvé a lo esencial.

¿Por qué o para qué tenés que trabajar tu marca personal?

PD: Si no sabés por dónde empezar es acá: Curso Práctico Online del Pbe©

Fin.
Mariano.

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