—”No me reconocen por quién soy”. —Lo escucho seguido (y me escuché decirlo).
Hace unas semanas en una reunión con un participante del Modelo Pbe© (que también es: cliente, colega, ex alumno; bueno, vínculos de confianza), me dijo algo que me gustó escuchar:
—”Mariano, cuando leo tus correos siento que estoy charlando con vos”.
Me encantó escucharlo, porque trabajé mucho (y por años) para eliminar el ruido que hay entre quién soy, qué digo y qué hago.
Me explico:
(Esto tiene varias capas, pero te cuento una, porque si hago un libro se pierde el espíritu de Hambre y Ganas –la newsletter–).
Durante años estuve buscando complacer a otros. Me estresaba encontrar las palabras correctas para gustarle a: un jefe, socio, colega, subordinado, amigo, amiga, pareja, vecino… Años en un absurdo camino por complacer.
Digo absurdo, por varias cosas; primero, porque todo sucedía adentro mío, decía lo que creía que los demás querían escuchar; segundo, porque no jerarquizaba, todos eran igual de importantes (incluso los no importantes); tercero, porque me negaba a mí mismo.
A ver, no te voy a mentir, lo que me dijo en la reunión el participante del Modelo Pbe©, me importó; me importan los demás, pero a diferencia de lo que me pasaba hace años, no dejo de ser yo ni pienso en gustar.
Y me aseguro que las personas me reconozcan por quien soy.
PD: si te preocupa que no te reconozcan por quién sos, tenés que ser.
PD 2: desarrollé un modelo para que las marcas personales sean, más info acá: Modelo Pbe©.
PD 3: mediados de junio abro un espacio para el modelo.
Fin.
Mariano.
