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¿Seres eternos? ¿Nuestra «información» se pierde? | #51

¿Qué es el pasado? –Según la etimología de la palabra, viene del verbo latino «passare» y significa «paso» o «poner un pie adelante». Es decir, se relaciona con la idea de superar un momento y dejarlo atrás. –Reflexiono, me pregunto. –¿Realmente lo dejamos atrás? 

La semana pasada iniciamos una miniserie en Snac Podcast en la que abordamos el pasado. El tema me llevó a reflexionar, explorar, recopilar y pensar en mí historia personal –cercana y no tan cercana–. Me hice preguntas, apelé a recuerdos y recorrí historias importantes, de esas que te dejan huella. En cierta forma, el «atrás» estuvo cerca, se hizo presente. –Me surgieron varias inquietudes: ¿Somos prisioneros del pasado? ¿Dejar atrás es negar? Los demás, ¿nos definen por quiénes fuimos o quiénes somos? –Preguntas, más y mejores preguntas.

–Como de costumbre vivo la vida con el «modo curiosidad» activado. Escuché un capítulo de Heavy Mental –podcast español que recomiendo–, en el cuál el físico Miguel Peiró García habló sobre los agujeros negros. –Charla muy interesante. –En la conversación el invitado mencionó un concepto que me quedó resonando, probablemente porque mí mente continúa coqueteando con el pasado.

–Bueno, ya saben como soy, cuando un regalo llega a mí no puedo más que aceptarlo–.

–Me puse a investigar sobre «el principio de conservación de la información». Si bien es un concepto utilizado en varios campos, me interesó su aplicación en la biología y la física. –En biología propone la idea de que la información genética se conserva y transmite de generación en generación –mientras escribo, veo parte de mí información genética armando naves espaciales con piezas de Lego–. En física, establece que la información «no puede ser destruida», siempre se conserva de alguna forma y la información de un estado inicial puede ser recuperada a partir del estado final –lo que se denomina como reversibilidad–.

¡Sí! o ¡Noooo! –Guste o no el suceso final ocurrirá en algún momento, vamos a morir. Si bien no sabemos cuando va a pasar, tenemos certeza que pasará. –Aunque reflexiono, si seguimos el principio de conservación de información: –¿Dónde quedará lo que somos? ¿Dónde quedarán nuestras ideas, reflexiones, emociones y conciencia? –Sí la información no desaparece y sigue existiendo de alguna manera en el universo, ¿podemos realmente decir que desaparecemos? –Además, ¿Será cuestión de tiempo? ¿Podremos reconstruirnos?

–Así sucede con el pasado, lo reconstruimos en el momento que lo traemos al presente. Vemos fotos, vídeos, conversamos con personas y creamos recuerdos que inmediatamente al observarlos nos hacen sentir todo tipo de emociones en nuestras visceras. –Es cierto, en muchos casos distorsionamos y nuestra narración es lo que llena de sentido esos recuerdos. 

–Al fin y al cabo no es tanto lo que vivimos sino cómo recordamos lo vivido–.

Hoy lo hacemos en plataformas, guardamos momentos, archivamos recuerdos –notas, fotos y vídeos– que tienen el potencial de ser recuperados con un nivel de precisión más alto. –Entiendo que estamos cerca, ¿tendrá sentido almacenar toda nuestra vida –24×7–? –Digo, quizá cuando queramos conectar con un momento en particular de nuestra historia, decimos: «Oye Siri»… –En no mucho tiempo la tecnología permitirá que reconstruyamos recuerdos en nuestros micromundos digitales con un nivel de precisión casi absoluto.

Desde la mirada del principio de conservación, transmitimos nuestra información genética –hijos, nietos y así, sucesivamente–, también, es reversible, por lo tanto, ¿Puede reconstruirse hacia atrás? –Quizá, ¿«El suceso final» no necesariamente sea el final? ¿Podremos en no mucho tiempo reconstruir nuestra conciencia, similar a los sucesos del pasado? Y quizá, transmitirla en nuevos dispositivos más allá de un cuerpo físico, ¿no?

–Para cerrar esta reflexión, que no se puede cerrar, me hago y te hago dos preguntas: –¿Hay algún suceso del pasado que te gustaría reconstruir con un nivel de precisión absoluto? –Y, sí descubrimos con certeza que «el final» no es el final, ¿Qué cambiarías en tu forma de vivir? –Te invito a pensarlo.

Fin.

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