Llevo un tiempo viviendo fuera de mi zona de confort y puedo decir que lo hago con cierto equilibrio. Es algo así como vivir confort en el disconfort.
Pero no es así siempre, porque cuando aparecen en simultáneo todavía más “situaciones incómodas”, mi sistema, mi sala de operaciones, se desequilibra.
A lo largo de los últimos años trabajé para desarrollar, un poco a conciencia y otro poco a fuerza de golpes, una caja de herramientas. Incluye un set de técnicas de canalización de energía (como ejercitarme) y herramientas para recuperar la calma (como respirar a conciencia o escribir a mano). Y dependiendo de la situación puedo: no usar ninguna, usar algunas o usarlas todas juntas.
El objetivo es siempre el mismo: recuperar el equilibrio que me permite moverme tranquilo en el disconfort de estar fuera del confort.
Eso sí, descubrí que en mí hay una relación bastante directa entre el aumento del desequilibrio y el incremento de la ansiedad y el miedo.
Las últimas semanas me encontré con por lo menos tres situaciones concretas, inesperadas e incontrolables, que me movieron la estantería. No viene al caso escribir sobre cuáles son, pero sí puedo decirte que como en el efecto dominó, el desequilibrio trajo ansiedad, la ansiedad miedo y el miedo pensamientos distorsionados y catastróficos.
Yo no sé si a vos te pasa, calculo que sí. Pero es bastante incómodo gestionarse cuando una serie de pensamientos distorsionados coparon la parada en el centro de tu cabeza. Es como manejar una ambulancia en una emergencia y sin estar entrenado para hacerlo.
De todas maneras, saqué la caja de herramientas, empecé a probar un instrumento y después otro, hasta que lo logré. Di en la tecla y seguí andando con un desempeño aceptable. Pero ojo, porque eso no evitó que el miedo y el pensamiento catastrófico hayan tenido un papel protagónico, casi estelar.
Te digo más, mientras revolvía inquieto la caja de herramientas, miré por la ventana y me dije: —¿Te diste cuenta que hace 20 días que no ves el sol?
—¿Me entendés? ¡Todo mal!
No solo sentía desequilibrio, ansiedad, miedo y catastrofismo, sino que además noté que llevaba 20 días sin disfrutar de un rayito de sol (y ni hablar de que perdimos la final, Messi dejó la selección y de repente el mundo entero nos odia por racistas).
—¡Todo mal, pero mal!
Hoy, mientras escribo (ahora sí debajo de los rayos del sol), pienso más claramente.
Por más que quieran plantarte la idea de la felicidad eterna, vos y yo vivimos inmersos en un extraño equilibrio en el que todo cuenta. Y mientras andamos centrados en nuestros ombligos haciendo planes para conquistar el mundo, perdemos de vista cómo pequeños movimientos a nuestro alrededor o incluso en el ambiente podrían tener un efecto desestabilizador.
Y con esto no digo que te vas a desestabilizar si por unos días no ves un rayito de sol, pero sí que cuando hablamos de equilibrio, todo cuenta. Los detalles cuentan, los pequeños gestos también.
Y cuando tu sistema de vida que funciona con cierto equilibrio (sea cual sea, aun en el disconfort fuera de la zona de confort o incluso el caos) se le agregan dos o tres cosas inesperadas, el desequilibrio lo sentís.
Por eso, dedicar parte de tu energía a profundizar en tus pensamientos y desarmarlos como una muñeca mamushka, te da la posibilidad de conocerte mejor. Y ese conocimiento lo podés usar para recuperar el equilibrio en situaciones difíciles. Aun con ansiedad, miedo y pensamientos catastróficos.
Alguien que pasó por mi vida me dijo una vez: —Estás pensando pensamientos.
Y bueno, sí, lo estaba haciendo.
Tengo miedo, pienso pensamientos y uso herramientas para recuperar el equilibrio que me permita seguir jugando el partido afuera de mi zona de confort.
Así soy.
Fin.
Mariano.
Reflexiones, todas las semanas desde el 20 de marzo de 2024.
