—¿Alguna vez cambiaste de opinión? —Yo sí. Muchas veces.
Hoy voy a decir lo que siento y pienso, con la condición de que quizá mañana lo contradiga todo.
No me refiero a decir una cosa y un tiempo después, otra. Me refiero a opiniones profundas, creencias, certezas que definen cómo percibimos el mundo. O mejor dicho, nuestro mundo.
No es nuevo: las personas necesitamos creer. Nos da sentido, motiva, orienta en la dirección correcta e impulsa a la acción. Nos lleva a hacer cosas que de otra forma no haríamos.
El creer se cimienta en la certeza, para creer en algo tenemos que confiar que es cierto; o por lo menos, creerlo parcialmente. En 2016, durante el Congreso Internacional de Astronáutica, Elon Musk, con la confianza que lo caracteriza, habló de colonizar Marte. La mayoría, lo vimos como un soñador, o mejor dicho, como un loco. —Me pregunto, ¿hoy sigue sonando tan alocado?
La palabra «certeza» proviene del latín certus, significa: «cierto», «seguro», «decidido». —No sé a vos, pero a mí, la vida me puso los dedos en la cara y tiro abajo mis certezas muchas veces. Si de algo tengo certeza hoy, no es de si estoy o no estoy equivocado. De eso estoy seguro; estoy equivocado. —La pregunta es: ¿qué tanto lo estoy?
George Bernard Shaw, dramaturgo y crítico irlandés, dijo: «El progreso es imposible sin cambio, y los que no pueden cambiar de opinión no pueden cambiar nada». Cambiar de opinión, suele asociarse con debilidad. Pero permitirse cambiar de opinión –dudar de las certezas–, no te convierte en débil o vacilante, te prepara para recibir el cambio.
—Un compromiso inflexible con tus propias ideas, puede convertirte en una persona estúpida.
Ralph Waldo Emerson, en su ensayo «La confianza», expresó: «Di lo que piensas hoy con palabras austeras, y de la misma manera mañana di lo que piensas aunque contradiga lo que has dicho hoy». A veces confundimos decir con sentir. Dichos, con ideas. Emerson dijo también: «Nada se consiguió jamás sin entusiasmo». —Si complementamos la pasión con certezas flexibles en lugar de obsesiones, podemos estar más cerca de los grandes logros. Entusiasmarse no es lo mismo que declarar y tampoco que ser testarudo. Estar seguro, sabiendo que tarde o temprano vas a cambiar de opinión, no implica ser tibio o falto de compromiso. Implica honestidad intelectual y humildad. —¡Recordá! —Ser humilde, es símbolo de grandeza.
Ahora, ¿estás haciendo lo que tenés que hacer? —Tener la certeza de que este camino es el correcto hoy, no le cierra la puerta al cambio. —¡Eso sí! Si caduca la certeza y no podés cambiar de opinión, no podés crecer, tampoco evolucionar. —Cuando todo a mi alrededor indicó que tenía que cambiar y me resistí… —¡Spoiler! Cambié igual. Y además, me sentí estúpido.
Sin certezas flexibles, la vida se convierte en un «da lo mismo» y la vida de quien vive en este estado, es superficial. Sin riesgo, ni entusiasmo. Tibia, aburrida. Quien no se la juega por nada, tampoco gana nada. Sin intensidad no se puede sentir profundo, porque en un mundo dónde todo da lo mismo, pasa eso: lo mismo. —Te invito a pensarlo.
La mayor estupidez de nuestra especie no es la ignorancia; sino: elegir no aprender.
—¿Y si la certeza más profunda es poder comprometerse sabiendo que, tarde o temprano, vas a cambiar de opinión?
Fin.
Reflexiones, cada semana desde el 20 de marzo de 2024.
Si te hizo pensar, hacémelo saber. —Suscribite, comentá y compartí.
Esa señal me inspira y ayuda.
Hasta el próximo miércoles, seguro. Gracias.
