¿El error te define?
Por más grande que sea. Pensalo, ¿te define?
Bueno. Yo creo que el error no me define. Y a vos, tampoco.
Ojo. Siempre y cuando el error no sea catastrófico. Eso sí podría definirte. Sobre todo si se trata de un error catastrófico no forzado.
—Errar sí, jugar a la ruleta rusa, no.
Pienso. No todo merece mi atención. No todo merece ser parte de mi espacio. Si está en mi control y lo puedo gestionar, me aseguro. A mi vida no dejo entrar cualquier cosa. Prefiero pecar de conservador que asumir riesgos innecesarios.
No estoy para proyectos ni relaciones superficiales o poco prometedores.
Lo pienso más o menos así, si algo va a poner en juego la tranquilidad que tanto me costó conseguir, tiene que tener sentido. Ser prometedor, importante.
Si algo malo pasa. Pasa. Pero no lo voy a elegir consciente y estúpidamente. Y sí. Estúpido es quien hace estupideces. Simple. Si veo la estupidez y la elijo, recibo mi adjetivo.
A la inversa, es parecido, los “grandes aciertos”. No me refiero a consagraciones resultado del trabajo y la dedicación. Tampoco a las acciones cotidianas que forjan el temperamento.
Me refiero a cosas que pasan de forma eventual. Golpes de suerte que te ponen en el lugar y momento correcto. Como ganar un premio de azar, acertar sin entrenamiento o encontrar algo valioso sin dueño. Son aciertos excepcionales.
Si te pasa siempre, no es excepcional, es parte de tu naturaleza. Dice mucho de vos.
Tus prioridades, tu agenda. Lo que elegís, habla de vos. Lo cotidiano.
Si lo pensás, lo que hacés cada día, te define más que cualquier otra cosa. Más que errores y aciertos excepcionales.
Las pequeñas cosas, que en repetición y frecuencia, se vuelven parte tuya. Actividades. Hábitos. Rituales diarios que te acompañan.
Cotidiano. Importante, te define.
Si lo pensás, la magia está en las “pequeñas cosas”, detalles que con el tiempo se vuelven importantes y crecen hasta hacerse grandes.
Yo tengo varios.
Hay detalles cotidianos que me encantan. Te cuento algunos.
A la mañana, después de despertarme, me quedo en la cama diez minutos más. Presto atención a mi cuerpo. Lo recorro. Diez minutos para saber si mi corazón late, mis piernas y brazos se mueven y mis órganos están donde tienen que estar.
Más tarde. Si estoy en casa, me encanta preparar café. Me gusta el ruido del molinillo y el olor que tienen los granos recién molidos.
Preparo la cafetera, la pongo en el anafe y espero hasta que el café salga. Revuelvo con una cuchara y me sirvo en una taza que tiene la medida justa. Respiro, siento el aroma del café recién hecho y lo tomo. Lo saboreo.
Diez minutos para recorrer mi cuerpo y mi café, es importante. Cotidiano, me define.
Durante el día siempre me hago un espacio para escribir. Como este. Sí. Estoy escribiendo la reflexión en mi espacio para escribir. Me encanta hacerlo, lo disfruto.
Escribir nunca es igual. A veces ordeno mis pensamientos, otras los descargo. Hay días que sueño escribiendo, y otros días que escribo para crear. Bueno. Ya te lo conté la edición anterior, es parte de mi santuario.
Escribir, es importante. Cotidiano, me define.
Por la noche. Después de un día largo, me encanta acostarme y hundirme en la cama con la sensación de haberlo dado todo. Dedico unos minutos para repasar el día. Después, leo. Hasta que los ojos me pesan. Y me duermo.
Acostarme, repasar el día y leer antes de dormir, es importante. Cotidiano, me define.
Más allá de excepciones, aciertos y errores, ¿qué haces cotidianamente que te define? ¿Qué elegís y ponés en tu agenda?
Si hay algo que no te gusta y te define hoy, hay que trabajar para que no te defina mañana. Pero lo que hacés cada día, te guste o no, dice mucho de vos.
Cotidiano. Importante, te define.
Fin.
Reflexiones, todas las semanas desde el 20 de marzo de 2024.
