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Decisiones Difíciles. Entre lo irreversible y lo inesperado. | #46

Hoy, la edición número 46 de Reflexiones, voy a escribir sobre las decisiones difíciles y cómo éstas pueden impactar en nuestras vidas. 

Empecemos como se debe empezar, por el comienzo. Según la etimología, ¿que es una decisión? –La palabra «decisión» proviene del latín «decisio», significa «opción escogida». También deriva del verbo «decidere», que se traduce como «cortar». Es decir, cuando decidimos, cortamos, escogemos una opción o posibilidad entre tantas otras posibles.

Decidir puede parecer fácil, pero no lo es. En tanto vivimos nos involucramos; nos relacionamos con otros y generamos, con más o menos consciencia, compromisos. Nos vinculamos emocionalmente y nos alejamos de las decisiones directas. Perseguimos ideas de amabilidad, no hacer daño y en ese proceso, además, buscamos evitar perjudicarnos a nosotros mismos. Ese «cortar» o escoger rápido prácticamente desaparece. Para cada decisión incorporamos más variables que complejizan y desaceleran el proceso de toma de decisiones. 

Si bien es cierto que no todas las decisiones son complejas, éstas pueden parecerlo. Según la paradoja de Edward Fredkin, se comprobó científicamente que ante dos opciones relativamente parecidas, tomar una decisión se nos hace más difícil. Perdemos tiempo y nos desgastamos. –¿Dudás? ¿Cuánto tiempo tardaste en elegir qué película o serie ver la última vez? O, ¿Para elegir qué comer a través de una app de delivery? –No sé vos. Yo, más del que me gustaría. –Por eso, hace un tiempo incorporé una moneda. ¡Sí! Cuando entro en éste tipo de indecisiones simplemente hago girar la moneda en el aire –¿Cara o seca?

–Por un lado, creo que la complejidad del proceso de toma de decisiones está condicionada por muchos factores. Por otro, intuyo que hacer girar la moneda en el aire es una buena estrategia para la vida moderna–.

Entonces, retomando. –¿Qué es una decisión difícil? –Considero que una decisión difícil aparece cuando nos cuesta elegir. No necesariamente es difícil para todos, lo es para nosotros. Por alguna razón, sea emocional o vincular o similar en cuanto a valor percibido o incluso miedo o todas juntas, nos cuesta tomar una decisión. Con sólo pensarlo, me surge una pregunta, –¿Qué es mejor? ¿Una decisión equivocada o una decisión no tomada? –Siento, pienso y creo, que una decisión «errada» es mejor que quedar atrapado en la parálisis por indecisión. –¿Por qué? Porque en general las decisiones aparentemente erradas, abren nuevas dimensiones.

Algo que en primera instancia parecía una equivocación, suele esconder lecciones y oportunidades no visibles desde la perspectiva inicial. –¡¿Qué?! Mariano, ¿estás queriendo decir que no hay decisiones estúpidas? –¡No! ¡Sí, hay decisiones estúpidas! Hay decisiones que se las vea por donde se las vea, son estúpidas. Por ejemplo, aquellas que implican un riesgo innecesario para la salud física o mental de nosotros mismos, de los nuestros o de terceros. Pongamos blanco sobre negro, porque no todo es relativo.

Pero hay que decirlo, hay decisiones que dilatamos innecesariamente en el tiempo. Tardamos en definir, nos angustiamos y aún sabiendo que todo en nuestro ser nos dice: –¡Dale! ¡Avanzá! Nos contenemos. –Por ejemplo: dejar un mal trabajo o abandonar una relación tóxica. –Transitado el miedo y finalmente tomada la decisión, las cosas inesperadamente empiezan a acomodarse. Mutan. Aparecen nuevos caminos, desafiantes y apasionantes. Ahí es cuando decimos: –¡Podría haberlo hecho antes! 

Además, existen otros aspectos importantes para tomar decisiones. Creo que en el mundo que vivimos el aspecto ético, es fundamental. Por ejemplo, ¿qué lugar ocupan los otros en tu proceso de toma de decisión? –«Otros», me refiero a los más cercanos, pero también a la comunidad de la que formas parte–. En la medida que nos desarrollamos y evolucionamos humanamente empezamos a, o al menos deberíamos, incorporar dimensiones que involucren a otras personas. Ni siquiera te digo que los beneficies, pero sí, al menos no los perjudiques, ni les hagas daño.

–Una vez me hicieron una pregunta que me llevó a reflexionar mucho. Inmerso en un asunto de negocios, ante el desafío de poner o no un límite al pedido de un cliente. Luego de evaluar y decidir una respuesta, un miembro del equipo, me preguntó –Mariano, ¿qué pasa si lo que decidimos es irreversible? –¡Muy interesante! ¿Qué pasa cuando las consecuencias de nuestras decisiones son irreversibles? –Ya sea porque, nos convierten en una persona diferente a la que éramos, porque afectan a los nuestros o a terceros–.

En este tipo de decisiones, ¡Sí! –Acá es donde cobra la mayor relevancia nuestra capacidad de reflexionar. Éstas decisiones son naturalmente difíciles por el simple hecho de ser irreversibles. Lo que decidas, no tiene vuelta a atrás. A veces se trata de cosas que decimos, otras de cosas que hacemos; e incluso, que dejamos de hacer. Algo está claro, en estos casos, no se puede volver a lo que era. –Si bien no toda decisión merece un profundo proceso analítico, tampoco toda decisión debe ser tomada a la ligera. –Las decisiones irreversibles merecen la pena analizarlas profundamente y porque no, dilatarlas por un tiempo. No olvidemos que somos seres dinámicos.

En fin, cuando se trata de tomar decisiones que por su propia naturaleza pueden ser catalogadas cómo «difíciles», personalmente intento ser lo más amplio posible y usar la mayor cantidad de herramientas que están a mí alcance. Pongo en funcionamiento la intuición, razón, imaginación, pido consejo, investigo y después de un tiempo prudente ¡Decido! –Igual, ¡Es extraño! –A pesar de realizar un proceso razonado e incluso en muchos casos aplicar modelos para la toma decisiones –cómo pros y contras, análisis de intereses, stakeholders, riesgos, etc.–; muchas veces tengo la sensación de que la decisión la tomé en el primer minuto que empecé a analizar el tema «difícil» en cuestión. –Lo medito, me desvela la dicotomía entre si decidimos y elegimos, o sólo razonamos luego de haber respondido a partir de quiénes somos y las circunstancias que tenemos.

Para finalizar, te pregunto, –¿Vas a tomar esa decisión que tenés que tomar o vas quedarte en la indecisión?

–Al final del día, las decisiones que tomamos, cómo las que no, son las que nos definen como personas.

Fin.


Reflexiones, todas las semanas desde el 20 de marzo de 2024.

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