Empecemos por donde hay que comenzar, por el comienzo.
A temprana edad nos cuesta aceptar que todos llegamos al mundo con un profundo desconocimiento. A través de la enseñanza de nuestros padres –o tutores–, la educación formal, la experiencia y, sobre todo, la profundidad del vínculo con la vida, empezamos a desarrollar una serie de ideas sobre el mundo. Estas ideas, al menos por un tiempo, nos hacen creer que sabemos. –Creyendo saber mucho entablamos un romance con esa extraña pero adictiva sensación denominada «control». –No quiero desilusionarte pero ya lo sabes, sólo es una ilusión–.
Mientras reflexiono se me vino un tema vinculado y muy interesante, el «efecto Dunning-Kruger». Básicamente es un sesgo cognitivo que sufre una persona que sobreestima sus capacidades y aún sabiendo mucho sobre un tema, cree que no saber lo suficiente. En este efecto se identifican una serie de fases. En la «fase inicial» se encuentran los principiantes, ellos piensan: «es fácil, lo entiendo y puedo hacerlo». Después, viene una «fase intermedia» que podemos identificarla en: «Ok, es más difícil de lo que pensaba». La siguiente, la «fase avanzada» sería: «Se bastante pero hay mucho por aprender». Por último la «fase final» la del experto, se puede conceptualizar en: «Por mucho que lo intente nunca voy a a saberlo todo».
–Una persona muy sabia que vivió hace mucho pero mucho tiempo, dijo: «Sólo sé que…». –Si lo pensás te podés dar cuenta, en la vida tenemos pocas certezas. Sin embargo, guste o no, debemos aceptar que no sabemos nada. Nuestros primeros pasos en el mundo son impulsados por una profunda curiosidad que lamentablemente vamos perdiendo a lo largo del camino. Crecemos y caemos en el autoengaño que nos hace creer que ya sabemos lo suficiente.
–Entre nosotros hay personas más curiosas que otras. Algunas son curiosas todo el tiempo, otras por un rato. Algunas son curiosas en un campo y no en otro. Hay quiénes tienen la curiosidad, luego la pierden y la vuelven a recuperar. Pero también hay quiénes pierden la curiosidad y no vuelven a encontrarla. –Se endurecen, piensan que la vida y lo que ocurre dentro de ella es un compartimento estanco y sin dinamismo. –¿Qué decir? –El miedo es un gran enemigo para la pulsión que busca combatir el desconocimiento; es probablemente el némesis más grande que tiene la acción de curiosear y la aceptación del hecho de no saber nada.
Es duro pero en algún momento ocurre lo inevitable, hay que aceptarlo. Por más que lo intentemos y queramos conquistarla, la verdad se nos niega. Los objetos y sujetos que habitan en el mundo se nos niegan. –Aún así la iniciativa del curioso por naturaleza se mantiene –parece ser infinita pero sólo lo es en apariencia–. Llega un momento que aún los más curiosos deben elegir dónde van a dirigir la escasa y finita energía. Existe un punto de equilibrio en el cuál la «negación del saber» es «justa», lo suficientemente atractiva como para mantenernos en alerta –motivados y apasionados–, y lo suficientemente incómoda como para ser objeto de deseo.
Creo que las personas tenemos un espacio donde nuestra curiosidad parece no tener limites. –Personalmente me pasa con los asuntos humanos. Aunque también debo decir que de la misma forma qué al desarrollar este escrito no puedo destinar el mismo nivel de atención a otra cosa –no sin perder profundidad–, de ninguna manera puedo enfocarme en «todos» los asuntos humanos. –Mí propia energía finita, me invita y obliga a poner más atención en algunos asuntos humanos que en otros.
Aquello que desconocemos para no perder su atractivo debe mantenerse «cerca y lejos a la vez». Ni tan lejos como para olvidarlo, ni tan cerca como para aburrirnos o abrumarnos. –¡Es humano! Solemos desvalorizar aquello que disponemos en exceso. –También es bueno recordarlo, es un regalo. –Debo decir que para quiénes somos sumamente curiosos la cercanía nos lleva a un nivel de profundidad y curiosidad mayor. Un nivel dónde, una vez más, la curiosidad parece volverse infinita. –¡No olvidar! Los asuntos humanos se nos escurren entre las manos, cuando creemos saber algo. La ciencia y el conocimiento se encargan de recordarnos lo poco que sabemos.
–Entre curiosear y no hacerlo, elijo hacerlo.Entre lejos y cerca, elijo cerca. Y entre saber y no saber, elijo intentarlo, deseo saber. Pero también me digo, –Hay que aceptar. No siempre estamos a la altura de los asuntos humanos que se nos presentan. Quizá no estamos preparados o quizá hemos abandonado ciertas ideas –por haber crecido o madurado–. Aveces sólo tenemos que soltar aquello que se nos escurre entre las manos. Aceptar que no vamos a saberlo todo y adaptarnos a una gran idea: es un juego eterno, de principiantes.
–¡Hay esperanzas! Se puede ser curiosos, creer que sabemos algo, aún sin saber nada.
Fin.
