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Entre Dioses y Animales. | #41

Antes de comenzar te deseo, ¡Feliz Navidad! –Espero que hayas pasado una linda noche buena junto a tus seres queridos.

Las fiestas de una forma u otra son especiales, nos invitan a reflexionar y rememorar.

Mientras escribo recuerdo el momento en el que todo empezó. El martes 19 de marzo por la noche de forma inevitable pero cuasi impulsiva, escribí la primera newsletter e inicié este proyecto. Publiqué el miércoles 20 de marzo a las 8:15 de la mañana. A partir de ese día, algo cambió en mis rutinas. Cada miércoles en el mismo horario empecé a publicar #Reflexiones. Hoy, en navidad, con el espíritu intacto y de vacaciones, no es la excepción ¡Te comparto la edición número 41 de Reflexiones!

–Ésta semana quiero compartirte unas ideas que vengo pensando los últimos días. Voy a escribir sobre nosotros, los humanos, nuestro comportamiento y tradiciones.

–¿Empezamos? 

–Mientras escribo observo a través de la ventana, veo historia. ¡Sí! Estructuras llenas, desbordadas de historia. Capas y capas transmitidas y entregadas de generación en  generación. La palabra «tradición» proviene del latín traditio, significa «transmitir», «entregar» o «dar en custodia». La tradición hace referencia a la transmisión de costumbres, ritos, creencias y conocimientos que se mueven de generación en generación.

–Tengo el placer de estar disfrutando mis vacaciones en un lugar con enorme valor para la humanidad. Estoy en el antiguo continente, en Roma. Si bien, no es el objetivo del escrito alabar la extraordinaria cultura Italiana. Tengo que decirlo, todo parece estar hecho con amor–.

Mientras recorría Roma, observé a las personas. También, me observé a mí mismo. Me dije –Somos extraños los seres humanos, complejos y básicos a la vez. En nosotros se combina un aspecto plano, predecible e instintivo, no distinto del de otras especies.

–¡Los humanos oscilamos!

Por un lado, somos frágiles. Necesitamos respirar, comer, beber agua, abrigo, dormir. Por otro lado, estamos repletos de magia. Logramos transmitir sabiduría de generación en generación –Historia, costumbres y tradiciones de enorme valor cultural–. Es innegable que somos quiénes somos por nuestra capacidad de transmitir de conocimiento. –Sin embargo, también animales. En masa caminamos de un lugar a otro, ¿diferente de otro tipo de especies e insectos? –Al otro lado, humanos. Razonamos, creamos y transmitimos ideas complejas y tenemos una enorme capacidad para hacerlo.

–En cierta forma oscilamos entre Dioses y animales.

Por momentos hacemos cosas como… Aglutinarnos frente a una estructura para sacarnos una selfie –¡Sí! Una más de cientos que irá a parar a nuestro perfil de social media. También, podemos gastarnos dos, tres –incluso diez sueldos de una persona promedio–, en un par de zapatos, abrigo o cartera. –Decimos frases cómo: «¡porque quiero y puedo!» o «¡me lo merezco!». ¡Ojo! No juzgo, sólo digo ¿no es extraño?

–En otro momento, producimos conocimiento que vivirá de generación en generación. Tenemos la capacidad de crear obras de arquitectura e ingeniería imponentes, satélites espaciales, robótica, inteligencia artificial, vacunas que curan enfermedades. –Cuando nuestras necesidades básicas –sed, hambre, descanso–, no nos oprimen nuestro capacidad para liberar al genio, crece. Podemos pensar, lo cual es grandioso, ¿Pensamos? ¿Nuevas formas de resolver problemas de la humanidad? ¿Viajar a Marte?

–Me pierdo entre mis pensamientos. Me pregunto –¿Qué es lo que nos hace tan grandiosos? ¿Cuál es nuestro mayor diferencial? –Sentir nos hace grandes. Desde lo más básico hasta lo más complejo. Cuando sentimos podemos motivarnos y hacer cosas enormes. Es un distintivo de nuestra especie. Si creemos que algo es posible, crecemos. Nos volvemos humanos más grandes. Esa capacidad que tenemos de sentir –emocionarnos, amar y soñar–, es lo que hace que nos inspiremos los unos a los otros. Cuando estamos inspirados, creamos.

–Pienso, revuelvo. Impulsados por tantos estímulos, saltando de una cosa a la otra, ¿Sentimos menos? ¿Nos sorprendamos menos? Incluso, ¿olvidamos qué podemos crear cosas grandiosas?

Hay ecosistemas que contribuyen a nuestro desarrollo, nos ayudan a florecer, hacen crecer nuestra humanidad. Hay otros ecosistemas que marchitan nuestra humanidad, la aniquilan. Dejan a la vista nuestra animalidad. Si lo pensás –¿Quiénes somos sin conciencia? ¿Quiénes somos cuándo olvidamos las lecciones del pasado? ¿Quiénes somos cuando olvidamos «quiénes somos»?

–Hoy, sin dudas, tenemos en nuestras manos herramientas de Dioses –¡Imagina a Leonardo Da Vinci con un smartphone!–. Nuestras herramientas tienen la potencialidad de liberar nuestra magia, también de marchitarla. Olvidar nuestras tradiciones, historia, vulnerabilidad es peligroso. Olvidar es peligroso.

–Me pregunto, aún teniendo el potencial de ser Dioses ¿corremos el riesgo de volver a ser animales?  

–Hace unas semanas asistí en un evento de investigación de mercado, escuché algunos datos que me resultaron llamativos. En particular tres me quedaron resonando. –El primero, «entre los más jóvenes crece el negacionismo de los hechos históricos», descreen y niegan qué hechos como el Holocausto hayan sucedido. –El segundo que en la ciudad de Buenos Aires «entre 2016 y 2023 la tasa de natalidad cayó es del 43,54%». –El tercero, también en CABA, «hay más mascotas que niños».

Pare cerrar y no perder la tradición, te pregunto –¿Qué pasa sí olvidamos? ¿Por qué abandonamos la idea de un legado biológico? ¿Por qué olvidamos transmitir? ¿Estaremos olvidando nuestra lado mágico de ser humanos?

Fin.

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