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Hacer con los otros. | #7

Estoy muy contento por escribir la séptima publicación de «Reflexiones». El proyecto se convirtió en un desafío interesante y, además, en un espacio muy enriquecedor; sí bien es cierto que cuando inicio un proyecto lo hago a conciencia y, me involucro –soy persistente y algo cabeza dura–. Éste proyecto en particular me tiene muy motivado.

En línea con la publicación anterior –Singular: real y en primera persona, si no la leíste te invito a hacerlo– y, a partir de una serie de experiencias qué viví durante el transcurso de la semana; me propuse abordar éste tema que, a mi entender, es bastante importante en la actualidad.

Denominé a la publicación: «Hacer con los otros», trata sobre convivencia, vínculos y relaciones humanas. «Hacer»: implica mantenerse en movimiento, haciendo cosas, y «otros»: habla de personas que hay más allá de nuestro propio ombligo.

–¿Empezamos?–

Las relaciones humanas son complejas, desafiantes y, en ocasiones, los vínculos parecen volverse inviables. Es decir, por alguna razón nos conectamos más con las personas que tenemos afinidad y, menos con las que tenemos poca afinidad. Esto suele aplicar cuando, dedicamos un espacio para reflexionar al respecto. No quiero caer en la trampa de un generalismo simplista y absurdo; pero, conozco a varias personas que no se preguntan –ni cuestionan– con quién se vinculan, simplemente: lo hacen.

Para mí, es fundamental elegir a quién le voy a destinar mí tiempo, necesito pensarlo y prestar mucha atención. El tiempo es valioso, escaso e irrecuperable. ¡No es un tema cualquiera! La vida, es una sola. Me es importantísimo cuidar el tiempo que tengo; porque, cuando lo destino a hacer una cosa dejo de destinarlo a hacer otra; por ejemplo: pasar tiempo de calidad con mí hijo.

Ya sea que se trate de un evento social, cuestiones de trabajo, festividades, reuniones familiares, espacios educativos o de ocio –te invito a situar tu imaginario donde te haga más sentido: ¿ahí? Si, ahí está bien. Es tu elección–; hacer con los demás, requiere de un nivel básico de responsabilidad, porque al vincularnos entran en juego y se mezclan micro-culturas, historias de vida, creencias, energías –ansiedades, alegrías y tristezas–; también se ponen a prueba saberes, experiencias de todo tipo, y todo eso sucede en simultáneo. Hacer con los otros, no es tarea fácil e insisto, requiere ¡responsabilidad!

–¿Seguimos?–

Como de costumbre me invaden algunos interrogantes: ¿Se puede garantizar un nivel básico de armonía al «hacer con los otros»? Siento y pienso, no digo que sea así, sólo digo lo que siento y pienso: sí, se puede garantizar un nivel básico de armonía, si hacemos nuestra parte y los «otros» respetan algunos criterios básicos. Igual a no confundir, sí bien son básicos, no significa que sean menos importantes; tampoco fáciles de implementar. Hasta los más iluminados, personas «importantes» e «inteligentes», se equivocan ¡Puede fallar!

¿Qué podemos hacer para contribuir a un nivel básico de armonía al «hacer con los otros»? Bueno, en base a mi experiencia, considero qué siempre es importante empezar por casa, como diría Jordan Peterson: «limpia tu habitación antes de criticar al mundo» ¡Ya lo sé! Es re difícil: ¿no te pasa? Muchas veces caigo en la tentación de culpar a los que me rodean antes de observarme –igual que a vos, ¿no?–, me olvido de hacer un autodiagnóstico y revisar mis «manías». Me digo: ¡no te olvides Mariano, tu propia singularidad lo requiere! Creo que todos somos un poco «especiales» y, queda en evidencia cuando nos vinculamos con un «otro».

Si empezamos por «limpiar nuestra habitación», cuando hacemos «con otros», llegamos un poquito más livianos. Sí el «mono o primate» que llevamos dentro, hizo los deberes: un poco de actividad física –caminata, gimnasia, yoga… Elegí lo que quieras: ¡crea tu propia aventura!–, está bien alimentado, descansó lo suficiente, está sobrio y logró cierto nivel de equilibrio; seguro que va a estar «domesticado». Todo ésto nos va a dar una dosis extra de energía y una cuota más de tolerancia. Creo, ¿no?

Por otro lado, hay otro aspecto que me parece súper importante: ¿escuchaste hablar de la «regla de oro»? Dice así: «no hagas a los otros lo qué no te gusta que te hagan»; la autoría de ésta regla moral se asigna a varios autores, se encuentra en más de una cultura y religión –es asignada al cristianismo, también al confusionismo–.

De todas maneras, me parece qué lo más importante no es la autoría, sino el concepto –pienso–. Sí una idea sobrevive miles de años, algo de enseñanza debe tener ¡Supongo! No digo que sea así, sólo digo lo que me parece: sí una idea es fuerte y sobrevive, se transmite de generación en generación de forma sencilla; esa sencillez no implica que no esconda altos niveles de complejidad. Recordar ésta regla de oro y llevarla a la práctica, por más que la lleves tatuada: ¡es difícil! –no la tengo tatuada, sólo lo pensé y lo escribí–.

Por eso, como de costumbre, lo difícil no es decirlo o entenderlo; sino, ejecutarlo. En esos momentos donde el calor de la situación apremia, recordar la regla de oro y aplicarla es un desafío ¡E-NOR-ME! –¿Lo hiciste?–

En síntesis, al «hacer con los otros», creo qué: por un lado, sí mantenemos a nuestro «primate» «domesticado» y, por otro, recordamos la «regla de oro», tenemos más de la mitad del «partido» ganado.

¡Lo sé! Lógico, hay muchísimos aspectos que no estoy incorporando en mí análisis. Vale la pena, al menos, mencionar uno más que se viene a mí mente, insistentemente: «buena onda». Para mí, suele ser un factor fundamental; algo hay en la vibra de las personas. Si bien la ciencia está en eso –hay muchas cosas que aún no se explican, pero al mismo tiempo, pocos podemos negarlas–, pienso que en la buena onda se mezcla mucho de lo que ya abordé en el escrito; pero también, hay otros aspectos que todavía no están del todo mapeados.

¡Algunas personas me simpatizan más que otras! ¡Es así¡ ¡Punto!

Antes de cerrar –soy intenso, no puedo evitarlo– quiero realizar una pequeña reflexión final o mejor dicho escribir unas preguntas finales: cuando en el «hacer con los otros» algo sale mal, ¿quiénes son los afectados? ¿quiénes son los responsables? Entonces: ¿la responsabilidad de que salga bien es de todos o sólo de algunos?

–Para seguir «Reflexionando»–

¿Vos qué opinas?

Fin.

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