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Juan. Una vida con sentido. | #5

Se ha vuelto una costumbre utilizar las primeras horas de la mañana –mientras hago actividad física– para reflexionar y llenar mí «tanque de inspiración». Hoy, inicié la mañana particularmente activo, luego de algunas jornadas cargadas de responsabilidades y compromisos. Percibo el ambiente –al menos mí ambiente– re-energizado y, es una buena jornada para escribir la quinta entrega de «Reflexiones». Estuve pensando en torno a una idea, que viene dando vueltas de manera recurrente, por mis pensamientos. Aunque más que una idea, es una historia: se puede adaptar muy bien a las publicaciones anteriores, o al menos, eso pienso. Bueno, dejando de lado las divagaciones, empecemos a ver si logro plasmar este cuento.

Al terminar, contame si te gustó, o no, y si te invitó a reflexionar, o no, así no perdamos de vista el objetivo de la Newsletter. Allá vamos… ¿Me seguís? o mejor dicho, ¿me lees? ¿Vamos?

Esta historia empieza, como cualquier otra, por el comienzo. Llamemos al protagonista de éste cuento –a ver… dejame pensar… «Juan» –nombre original y sofisticado, como no podía ser de otra manera–. 

Juan, es una figura muy, pero muy activa en su comunidad, tiene un trabajo en la industria de los servicios y cuenta con una larga experiencia laboral. Para ser más específico, Juan trabaja en servicios logísticos y ¡traslada de todo! A veces, lleva materiales de construcción, otras veces alimentos. Juan, considera que su trabajo es esencial. Cree que tiene un enorme impacto en la vida de los otros. Y ésto le permite ejecutarlo con un enorme nivel de responsabilidad; es dedicado, organizado y detallista –¡no se le pasa una!–.

–Es lógico, cómo siempre, depende con qué se lo compare; si lo vemos desde una perspectiva «amplia» o «general», la vida de Juan es, más bien, estructurada y, quizá, algo monótona, ¿aburrida? Bueno, no sé, depende del observador–. 

La vida de Juan, en gran parte por su actitud, parece ser fácil pero no siempre es fácil. Una vez, su comunidad se vio afectada por una catástrofe climática que puso en riesgo su vida, y la de muchos de sus amigos y conocidos.

–Duele recordarlo. Nadie quiere hacerlo. Fue inesperado y doloroso. De hecho, hubo familias que, lamentablemente, perdieron en la catástrofe a seres queridos. Sin embargo, ésta comunidad elige el silencio; no habla de eso, se lo «esconde» ¡hay que seguir!–.

Si se le pregunta a Juan, más allá de la perspectiva general y qué pareciera llevar una vida estructurada y repetitiva. Él no siente lo mismo: él vive de otra forma, de manera muy apasionada. Cada recorrido que le toca en su trabajo, lo vive como una nueva aventura, única e irrepetible. En cierta forma tiene lógica, sus rutas y recorridos no suelen ser los mismos, él se las arregla para que sean distintos, novedosos.

Cuando las rutas no son nuevas, Juan se las ingenia, observa desde otras perspectivas, con enorme curiosidad. Está convencido –como dice el aforismo de Heráclito «no es posible bañarse dos veces en el mismo río, porque nuevas aguas corren siempre sobre ti»–.

–Es interesante, ¿no? Cómo dependiendo, tanto del punto de vista del observador como del protagonista, una rutina simple y cotidiana puede ser reveladora para quien la vive y quien la observa. Eso sí, sí se observa con mayor atención, ¿estás atento?–

Un día, en apariencia, como cualquier otro, es más, comenzó como cualquier otro –no me quiero anticipar, pero sí, va a pasar algo en nuestro cuento–. Juan se despertó, siguió sus rutinas habituales de aseo, movimientos físicos, para activar sus articulaciones, y se dispuso a salir, para cumplir con sus responsabilidades habituales.

Al salir, dirigió su mirada hacia el sol y sintió con muchísima intensidad su energía y calidez –igual, así es Juan, todo lo vive intensamente–, tomó una enorme bocanada de aire fresco, se dijo a sí mismo: «que agradable es tener el privilegio de la vida» –mientras se dejó atravesar por esta idea, inició su recorrido hacia el trabajo–.

Habían pasado ya, largas horas; Juan había trasladado durante toda la jornada enormes cantidades de materiales de construcción y alimentos que irían a parar a los hogares de numerosas familias. Al final de su recorrido, sin previo aviso y bruscamente, Juan sufrió un accidente, sí, un lamentable y doloroso accidente; de hecho, fue mortal, queridos lectores ¡Juan ha muerto! Las fuerzas de seguridad, luego de realizar una serie de investigaciones y peritajes –exhaustivos y rigurosos–, concluyeron que la muerte de Juan, fue provocada por un accidente muy común en su comunidad. La pisada de lo que ellos denominaban: «pie humano». A juzgar por la huella, concluyeron que se había tratado de: «un pie humano desnudo». 

Por unos días, los primeros, su comunidad estuvo conmovida, Juan era una figura querida, sin embargo y como de costumbre –como ya había pasado tantas veces–, el recuerdo de Juan quedó en el olvido, archivado. «¡Hay que seguir!» –dijeron todos– y ¡Siguieron!

Para los que aún no se dieron cuenta, esta historia no narra la vida de una persona, narra la vida de una hormiga, sí ¡una hormiga! –Si no me crees, ¡volvé a leerla!–.

Me pareció interesante escribir al respecto, luego de conversar y reflexionar con un amigo, destacamos lo irrelevante, aburrida, monótona e ininteligible que puede parecer nuestra existencia según quién la observe. Si pensamos en organismos «superiores», especies superiores que no entendemos, si es que existen, o «superiores» por simple creencia y/o percepción, es decir, personas que operan en otro «nivel», personas «top» ¿Somos relevantes para esas personas o sólo somos como hormigas? –Para pensar–

También, me pareció una reflexión interesante para analizar cómo un mismo hecho, trabajo o circunstancia, puede vivirse «con sentido» o «sin sentido» –vivida o sufridamente–. A mi parecer, cada día tenemos el privilegio y oportunidad de conectar con nuestra existencia. Hagas lo que hagas, como lo hacía Juan ¡la hormiga! –ante cada ruta, curioso y agradecido–. En contraste, también podemos vivir como autómatas, sin observar la ruta –mirando la pantallita o consumiendo la vida de «otros»–. En fin, ¿como una hormiga? Depende de qué hormiga, supongo.

Por último, no digo que sea así; si hubiese pasado, no estaría para contarlo, pero es probable –lo creo y tengo que recordarlo–, quizá esta oportunidad tan privilegiada y tan linda que tenemos, haya que aprovecharla… Porque… Como le pasó a Juan, al final del camino, puede llegar cualquier día, sin previo aviso, brusca y absurdamente ¿Será por la pisada de un «pie humano desnudo»? –Para pensarlo, ¿no?–.

–Perdón, me extendí, ya concluyo–

¡La vida es una! ¿La vas a vivir «con sentido» y «sin sentido»?

Fin.


Reflexiones, todas las semanas desde el 20 de marzo de 2024.

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