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Los Otros: El 1%, 100% humanos. | #54


Imaginá que estás en un lugar cualquiera rodeado de personas. Entonces mirás para un lado y para el otro. Y te preguntás: –¿Qué hago acá? 

¿Te pasó alguna vez sentiste que no sos parte?

Bueno: –«Los Otros» son humanos que se sienten distintos. Incomprendidos. Están poco representados, sin referentes ni líderes. Primero porque no se fanatizan con los deportes. Tampoco con artistas, grupos, instituciones o movimientos. Aprecian lo que es bueno, pero casi todo les parece genérico. Por su singularidad que no está representada.

–Les es difícil encontrar espacios. Con la sensación de hogar todavía huérfana, son turistas desarraigados en su propia tierra.

Pero con el pasar de los años, la experiencia y un cambio de foco. Y descubrí que mi lugar no está en los territorios, sino en las conexiones humanas. Porque no me mueven objetos. Ni eventos, grandes monumentos, fuegos artificiales ni luces de colores. –Pero sí, las personas.

Al curiosear, me encontré con un concepto muy potente que representa muy bien lo mágico de las conexiones humanas. –La película «Vidas Pasadas» de la directora Celine Song, gira alrededor del concepto coreano: «In-Yun», que simboliza el destino de las conexiones entre personas. Básicamente explica que los cruces no se dan por casualidad, tienen historia en vidas pasadas. Y un In-Yun es un hilo invisible que une a dos personas que están destinadas a encontrarse. Incluso un pequeño roce puede ser la consecuencia de varios encuentros en vidas anteriores. –Porque en materia de amor: si dos personas formalizan un vínculo de pareja, acumulan más de ocho mil conexiones y encuentros en vidas anteriores.

—No abro debate entre lo místico y lo lógico o entre lo material y lo espiritual. Pero el universo es demasiado complejo, hay mucho que no podemos entender y menos aún explicar. Mi idea es simple: ninguna «religión» es lo suficientemente abarcativa.

–Hace unos días junto a mi amigo y socio Alfredo Achaval fuimos al cine a ver la película del famoso compositor Alemán: «​Hans Zimmer & Friends: Diamond in the Desert». Sin espóiler, ni opinión cinematográfica o musical, pude observar el poder de las conexiones humanas en su máxima expresión. Instantes, representados por una especie de «simbiosis colectiva», una zona de flow grupal tremendamente inspiradora.

No sé si se tratará de vidas pasadas, casualidad, polvo de estrellas o una explicación matemática. Solo sé que las conexiones humanas son potentes. Mágicas.

Porque siempre me llamó la atención cómo un pequeño y selecto grupo de personas, profundamente conectadas, puede generar cosas tan grandes. —Luz y brillo. —Y ese es el objetivo, ¿no? —Dejar de sentir que venís de otra parte o ningún lado. Encontrar tu lugar, tu familia. Soltar la sensación de turista y pasar a sentir arraigo. Ser parte de algo más grande, atemporal e inspirador. Sentir: «Home».

Creo que la humanidad está atravesando un momento extraño. Pasamos más tiempo con nuestros smartphones que creando vínculos y conexiones profundas. 

De un lado, «Los Inmortales». El 99%. Que se trasladan de una experiencia a la otra y conectan en superficie. Y la profundidad llega en pequeñas dosis: vistazos de stories, reels o shorts; y estados alterados de conciencia con sustancias y estupefacientes. Esquivan preguntas y conversaciones incómodas, pero viven como si fueran a hacerlo para siempre.

Al otro lado, sin hogar ni estructuras, el 1%. «Los Otros». Amantes de la profundidad, la intensidad y la simbiosis. No les alcanzan las pantallas ni la experiencia de usuario. En el cardumen se sienten asfixiados. Son peces afuera del agua. Exhaustos.

Entonces: ¿somos una pequeña minoría incómoda? El 1%, 100% humanos. Gente «extraña» que busca reunirse. ¿Y será este escrito el hilo invisible que trata de encontrarnos?

¿Y vos, qué opinás? ¿Sos de Los Inmortales o de Los Otros? –Al menos, ¿Te permitís pensarlo?

Fin.

Reflexiones, todas las semanas desde el 20 de marzo de 2024.

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