¿Cocinas? ¿Alguna preparaste un plato elaborado o viste a alguien hacerlo? –De chico observaba a mi abuela cocinar y me di cuenta que en un gran plato, los ingredientes se amalgaman, se complementan y generan un sabor especial, único. –Un gran plato tiene capas de sabor. –Con cierto magnetismo, un ingrediente llamó al otro y elaboré el menú de esta semana: «REM».
–Inspirado en la cocina, la entrevista en Snac Podcast a Sergio Doval y una profunda reflexión, entré en lo que Mihaly Csikszentmihalyi denominó: «la zona de flow» –por cierto, tremendo desafío verbalizar su apellido–.
El primer ingrediente de nuestra receta es la letra R, de «Razón». Viene del latín «ratio», significa cálculo, argumento u orden. Es un aspecto central de la vida de cualquier persona que crece y evoluciona. La razón nos permite orientar nuestro comportamiento y nos ayuda a vincularnos socialmente de manera más o menos civilizada. Nos indica cuando si y cuando no. También nos explica lo que debía haber sido un si o un no. La razón nos ofrece un set de argumentaciones para inspirarnos y porque no, desalentarnos. –Como me gusta recordar somos «homo» –homínidos, primates superiores– y somos sapiens –seres pensantes, que razonan–.
Nuestra receta, tiene un segundo ingrediente esencial, la E de «Emoción». La emoción proviene del latín «emotio» y deriva del verbo «emovere», se puede traducir como sacar afuera, agitar o perturbar –¿Qué papel juegan las emociones en las interacciones que mantenemos con el mundo? –¡Debatible! En mí opinión, somos seres emocionales que razonan. En ese orden.
Tenemos una compleja red emocional que estamos aprendiendo a comprender. –¿Viste la película «Intensamente» de Pixar? Es excelente para conceptualizar esto–. Tenemos emociones básicas –como: felicidad, tristeza, enojo, ira, miedo, sorpresa– que se complejizan y derivan en otras más sutiles –como: apatía y vacío o curiosidad y pasión–. Esta compleja y determinante red nos acompaña a dónde vamos. No podemos evitarla. –Y además, ¡¿Sabes qué?! Como si fuera poco, más allá de que pedagógicamente nos gusta separar las cosas, las emociones ocurren en simultáneo y con diferentes niveles de intensidad. –Muchas de las decisiones que tomamos serían inexplicables sin esta red emocional. Que además, dialoga y negocia con la razón, que intenta imponer un manto de seriedad.
–Un día cualquiera puede pasar de todo. –No se vos, pero yo, puedo pasar de una genial sensación de plenitud, gratitud y felicidad a más tarde, vincularme con la tristeza o la ira. –Soy consciente que no puedo controlar mi compleja red emocional. No puedo decir: «dame sólo esto y saquemos aquello». –¡Eso sí! Puedo, y todos podemos, con trabajo gestionar nuestras emociones. –No controlarlas. Si, ¡Gestionarlas! –La razón es un ordenador importante del juego emocional. –Pero, ¡Ojo! Al otro extremo está la vigilancia continua. Una vida dominada exclusivamente por la razón se hace burocrática, lenta y aburrida. –Al mantener un excesivo control se corre el riesgo de perder la pasión.
–Esto me lleva al tercer y muy valioso ingrediente. Lo recuperé hace poco tiempo. Lo había perdido, mejor dicho, olvidado. El tercer ingrediente cruza transversalmente el complejo juego interactivo entre la razón y la emoción. Es esencial y en cierta forma, un gran distintivo que separa lo ordinario de lo extraordinario. –Entre lo que es bello y lo que no. Entre lo humano y lo sobre-humano. Entre lo plano y el Olimpo, está la M de «Magia».
Según la etimología, proviene del latín «magia» y a su vez del griego antiguo «mageía». Su significado presenta una dualidad entre el ilusionismo y lo sobrenatural y las experiencias transformadoras. –La magia es el ingrediente distintivo de nuestra receta. Transforma lo simple, en espectacular. Cambia el mundo. Permite creer y crear. Nos eleva, potencia a nuestra especie y hace crecer voluntades. –Sin magia es impensado entender como referentes históricos transformaron la realidad. Desde líderes religiosos, hasta grandes científicos e inventores. La escritura –3.200 A.C.–, la imprenta –1440–, la electricidad, internet, autos y aviones, máquinas… Ahora la IA y porque no, viajar a Marte.
–Mientras escribo vinieron a mí dos películas: «Big Fish» y «La vida es bella». Hermosas narraciones que demuestran como los momentos difíciles y las realidades más crudas mejoran con magia–.
–La magia es una promesa, una invitación a buscar lo extraordinario. Motiva a seguir adelante a emprendedores, científicos, madres, padres, docentes, mentores, médicos… La magia nos dice: «lo que no se puede hoy, se podrá mañana». Es distinta de la filosofía del absurdo, presente en el mito de Sísifo y las Confesiones de Tolstoi. –No lo sé, quizá la vida sea un absurdo. Aún así, elijo sazonar la conversación entre emoción y razón, con magia. Entrar en «Modo REM».
–Hay que decirlo: una vida sin magia se vuelve rutinaria, burocrática y aburrida–.
–Al final del día, la vida es en esencia lo que procesamos de ella. Es importante como lo hacemos. La realidad es lo suficientemente dura y asfixiante como para no permitirnos jugar y soñar un poco. Hay historias de drama, suspenso e incluso terror. –¿Por qué no llenamos la vida de magia? –Sumar al diálogo interno una cuota de sueños –quizá inalcanzables–, realmente marca la diferencia.
–¡No perdamos la magia. Hagamos de ella una locura colectiva! –Al igual que pasó en otros tiempos quizá, nos lleva a lugares impensados.
Fin.
