Hace cerca de 2500 años, en la antigua Grecia, un reconocido filósofo observó que el reconocimiento de la propia ignorancia es el primer paso hacia la evolución.
–¿Qué nos pasa cuando asumimos saberlo todo?
Sabés qué las historias y los personajes cambian, pero los contextos y las infraestructuras, también. Sin embargo, por alguna razón nuestra falta de humildad se repite. Olvidamos. –Basta con hacer un recorrido a través de nuestra historia. Desde la caza de brujas y las cruzadas, hasta el cientificismo moderno. –El hecho de no saber, nos aterra. Nos lleva a hacer locuras.
Hace unos días, entrevistamos en Snac Podcast a Miguel Peiró García, físico y divulgador científico español –el capítulo #49 se estrena el viernes 18/4 15:00 horas–. En ese sentido, empezamos la conversación con la intención de hablar sobre complejidad y caos. Y por alguna razón, la charla tomó otro recorrido. —Surgieron varios temas. Destaco la belleza de las cosas y la importancia que tiene para las personas poder convivir con una «triste realidad»: es ínfimo lo que sabemos. –¿Ínfimo? –¡Sí! —Sabemos muy, pero muy poco acerca de todo. –Nosotros mismos, nuestro planeta y, más aún, el universo que nos rodea.
Entonces ¿qué pensarán de nosotros, nuestras prácticas y hábitos –sí es que nuestra especie sobrevive–, los humanos del 2300? –¿Será parecido a lo que pensamos hoy de las prácticas de hace 300 años? –Por aquel entonces se destacaban recetas muy interesantes como: mercurio medicinal, pañales reutilizables sin desinfección y la silla eléctrica para mejorar la salud.
Me pregunto: –¿Cómo es que los ciudadanos de este mundo, navegamos de una certeza a la otra? –La ciencia sitúa el conocimiento total en menos de una centésima parte del 1%. –¡Ojo! Con esto no me refiero a llenarse de vacilaciones, pero quizá… ¿Un poco de humildad?
–Aceptar que no sabemos es muy difícil. Desgastante. Duele. Requiere valentía. Pero hacerlo posibilita dar cuenta de la inmensidad que pasa inadvertida ante nuestra percepción.
Por eso: Revisemos la transición del: «solo sé que no sé nada», a: «solo sé que lo sé todo».
Así tenemos que mantener activa la curiosidad en favor de la sorpresa. Allá afuera, hay un mundo desconocido que nos rodea. –Hagámonos más y mejores preguntas. –¿Vale la pena revisar las recetas efímeras y superficiales? ¿Es suficiente ver contenidos a través de plataformas o la primera devolución de un prompt mal formulado?
–Más aún, Hablo de creación, interacción y arborescencia. Iniciar un viaje con permiso hacia lugares inexplorados. –De la certeza a la incerteza, de lo firme al movimiento.
De hecho no tengo claro ni siquiera a dónde va este escrito y me lo permito. Es incierto, es la actitud de quien no sabe. –Lo admito. No sé. –¡Eso sí: tengo curiosidad! A partir de eso, me pregunto: –¿Qué pensaba hace un año o un puñado de meses atrás? –¿Y si mañana sigo pensando lo mismo que hoy, estaré haciendo lo suficiente? ¿Permitirse cambiar de ideas y opinión es un gesto en favor de la evolución?
En oposición de la actitud moderna que todo lo sabe. Porque nos encontramos en un momento inexplorado por nuestra especie. Sin embargo, allá afuera todos parecen saber a dónde van.
La inteligencia artificial propone un cambio profundo, también implica riesgos. La manera de hacer las cosas y vincularnos con ellas cambia, y muy rápido.
–Múltiples paradigmas. –Para algunos, un cambio más. Similar a la TV, cable o internet. Para otros, un cambio profundo y radical…
–¿Estás seguro de saber a dónde vas? –Yo no.
Fin.
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