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¡Son los valores, humano! | #58

Observo. Siento. Pienso. Digo: —¡Hay batallas que están pérdidas! —Por ejemplo: ¿cuáles? —Interrumpe y pregunta asertivamente. Me mira, espera impaciente una respuesta. 

Entonces, ¿alguna vez te sentiste vencido? Sentiste, qué a pesar de tus ideales y los «debería», ¿hay aspectos por los que no vale la pena seguir luchando?

Sin embargo, la vida como diría la Señora Gump –madre de Forest–, es como una caja de bombones, nunca sabés lo que te va a tocar. —¿Certezas? Pocas. Muy pocas. 

—Por ahora, se me ocurre una: «Si mañana pienso lo mismo que hoy, probablemente no estoy aprendiendo lo suficiente».

Además, a la hora de observar la compleja y profunda realidad, la simpleza sobra. Nuestro cerebro se resiste férreamente. Ahorra energía. Se opone al cambio. Sólo acepta cambiar cuando la amenaza se hace grande e inevitable.

De hecho, no es nuevo, los valores nos atraviesan. Desde la disciplina del silencioso y el patriotismo del boomer; pasando por la autonomía del X, la libertad del Y, la inclusión del Z, hasta llegar a la creatividad e intuición digital de Alfas y Betas. Porque hoy conviven en el mundo siete generaciones cada una con sus valores y contradicciones.

—La generación silenciosa (1928-1945), Boomers (1946-1964), X (1965-1980), Millennials –Y– (1981-1996),  Centennials –Z– (1997-2012), Alfas (2013-2025) y Betas (2025–¿2040?).

Entonces, es difícil aceptar la inconsistencia y vulnerabilidad que tiene aquello que está vivo. Dinámico por el simple hecho de estarlo. En esencia, incluso de forma imperceptible, «todo» cambia. Se transforma. —Aún sin querer aceptarlo, sea lento o no, deja de ser de una cosa para pasar a ser otra. Nos movemos. Mutamos.

—En un mundo de contradicciones a mayor resistencia, mayor dolor. 

En este contexto, estamos inmersos en un momento extraño, expuestos. —Pero pasamos de profundos discursos sobre moral, a no ceder el asiento en un transporte público. —«Hoy no porque estoy cansado» —Y ni que hablar sobre dar las gracias, sonreír o decir: «Buen día». —¡Pero sin ficción y con sentido! —Por eso nos «desnudamos» ante desconocidos, pero nos cuesta decirle a los nuestros lo que sentimos. Y que los queremos, los amamos e incluso, porque no, que sentimos un extraño cóctel de emociones que ni siquiera comprendemos.

Más aún: —¡Raro! —De expresar la desilusión frente a la desigualdad, a disfrutar del lujo. —De observar el dolor del necesitado, a incrementar el privilegio con el «me lo merezco», «quiero» y «puedo». 

—Por ejemplo: comidas sofisticadas. Premios. Experiencias. —Viajes por Argentina, Brasil, EEUU, Europa, África, Asia y Oceanía. —¡Pum! —¡Amigos! ¡Salidas! ¡Recitales! —¡Pum! —¡Familia! ¿Casamiento? ¿Hijos? ¡Paso! —¡Fotos. Vídeos! ¡Resumen del día! ¡Del mes! ¡Temporada! ¡Año! —¡Pum! 

—¿Y los valores? —Algunos se esfuman. Otros… ¿Resisten?

Así la vida se mueve rápido. Nosotros también. Generación tras generación. Grandes causas, batallas y demandas, cambian. La acción poética se diluye. El tiempo la vuelve lenta, pausada. La inacción llega y despacio, se apaga. 

—Aún así, puede percibirse como un continuo infinito, pero no lo es. La vida pasa.

Por eso, con valores oscilantes, sin pilares ni espacio para pensar o hacer profundo. No hay lugar para lo que no es noticia. Crecen trolls, amargados y depresivos. Críticos, que juzgan duramente lo observado.

—Fácil es señalar al otro. Difícil asumir lo que sucede en carne propia. ¡Nadie resiste una auditoría de coherencia!

Entonces: la sociedad presente se reduce a tres tipos de personas: «hacedores» –del bien y del mal–, «opinadores» –partidarios y detractores– y «observadores silenciosos». Indescifrables. —No sabemos qué hacen. Nos preguntamos: —¿Están mal, están bien? ¿Son zombies o humanos? ¿Superhéroes o villanos? —Sólo ellos saben cómo viven en su esfera privada. El resto, sospechamos.

En fin, nos encontramos ante una dura y triste realidad. Pero en la complejidad todo convive: siete generaciones, lo público y lo privado, lo transparente y lo sólido, el fuerte y el frágil, el hiperconectado y el desconectado. El todo y la nada. No es fácil convivir entre la Generación Silenciosa, Boomers, Alfas y Centennials. Entre palmadas, halagos, rechazos y cancelaciones. Entre buenas y malas intenciones. 

—Llegado hasta acá, una segunda certeza: Deberíamos conversar más sobre valores. Preguntarnos: ¿Hay un puñado de valores que crucen transversalmente siete generaciones?

—Al final del día, cuando todo se acelera, los valores compartidos como vulnerabilidad, empatía y tolerancia podrían ser la única señal de que aún hay esperanza.

Fin.


Reflexiones, cada semana desde el 20 de marzo de 2024.

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Hasta el próximo miércoles, seguro.

Gracias.


Reflexiones, todas las semanas desde el 20 de marzo de 2024.

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